MADRID 9 Ene. (EUROPA PRESS) -
Pueden parecer inofensivas, pero la presencia habitual de palomas en edificios no siempre es una buena señal. Más allá del ruido o la suciedad que generan, su aparición recurrente suele indicar que el entorno ofrece las condiciones adecuadas para que se alimenten, se resguarden y, en muchos casos, lleguen a anidar, lo que puede acabar convirtiéndose en un problema de convivencia.
La proliferación de palomas en zonas urbanas está directamente relacionada con la disponibilidad de alimento, agua y refugios. Así lo advierte Madrid Salud, el organismo municipal del Ayuntamiento de Madrid encargado del control sanitario, que señala que estos factores facilitan que las aves se instalen de forma permanente en edificios residenciales si no se adoptan medidas preventivas adecuadas.
POR QUÉ ELIGEN JUSTO TU BALCÓN
Las palomas buscan espacios que les ofrezcan seguridad para descansar o incluso para anidar. Habitualmente se sienten atraídas por rincones protegidos del viento y de la lluvia, como pueden ser toldos, techos, repisas anchas, macetas grandes o barandillas estables que les sirven como punto de apoyo.
La disponibilidad de recursos también juega un papel importante. Estas aves aprovechan cualquier descuido alimenticio: restos de comida en el suelo, agua estancada en platos o bandejas, y comederos pensados para otras aves domésticas funcionan como un reclamo constante. Si hay alimento o agua al alcance, es más probable que vuelvan repetidamente.
Además, las palomas son animales de costumbres. Si encuentran un lugar donde se sienten tranquilas y no se las disuade, terminan marcando ese sitio como habitual y regresan con frecuencia. Con el tiempo, esto puede transformarse en una presencia casi permanente.
CÓMO HACER QUE SE VAYAN SIN HACERLES DAÑO
Una buena estrategia inicial puede ser eliminar los factores que las atraen. Mantener el balcón limpio, sin restos de comida ni agua acumulada, reduce considerablemente el interés de las palomas por quedarse. También es útil barrer con regularidad migas o residuos alimenticios que puedan quedar al aire libre.
Para evitar que se posen y aniden, se pueden bloquear huecos y repisas con mallas o redes y sellar grietas donde puedan refugiarse. Instalar barreras físicas como púas o espirales antipalomas en barandillas y cornisas dificulta el posado y las anima a buscar otros lugares menos incómodos.
También existen otros trucos prácticos que no perjudican a las aves, pero que sí pueden disuadirlas. Los objetos reflectantes --como CDs viejos, tiras de papel de aluminio o materiales que generen destellos con la luz-- crean reflejos molestos que suelen incomodar a las palomas y las impulsan a alejarse. Además, se pueden utilizar plantas o aromas que no les resulten agradables, como lavanda, romero o especias como pimienta o canela espolvoreada de vez en cuando.
LO QUE NO DEBERÍAS HACER PARA AHUYENTARLAS
Entre las prácticas que conviene evitar destaca, en primer lugar, alimentar a las palomas, ya sea de forma directa o indirecta. Dejar restos de comida en balcones, terrazas o zonas comunes, o sacudir manteles con migas al exterior, refuerza su presencia y las anima a regresar de manera constante. De hecho, en muchas ciudades españolas está prohibido alimentarlas en la vía pública y te pueden multar por ello.
Tampoco es recomendable recurrir a métodos agresivos o improvisados para espantarlas, como lanzar objetos, utilizar productos químicos, venenos o sustancias irritantes. Estas prácticas no solo pueden resultar ineficaces a medio plazo, sino que suponen un riesgo para la salud de las personas, de otros animales y de las propias aves, además de estar prohibidas en muchos municipios.
La clave, por tanto, está en aplicar soluciones preventivas y disuasorias que no les causen daño, manteniendo el espacio seguro y evitando que las palomas conviertan tu balcón en un refugio permanente.