MADRID, 23 Feb. (EUROPA PRESS) -
Un estudio de QueComparo.es sobre 1.500 hogares concluye que la complejidad del recibo eléctrico impide a la mayoría de los consumidores detectar errores, comparar tarifas y tomar decisiones de ahorro informadas.
La factura de la luz llega cada mes a millones de hogares españoles, pero la mayoría de quienes la reciben reconoce que no la comprende. Según el Estudio de Consumo Energético en España 2025, elaborado por la plataforma de comparación de tarifas QueComparo a partir de 1.500 encuestas en las 17 comunidades autónomas, el 60% de los consumidores no entiende correctamente su recibo eléctrico.
Un dato que, lejos de ser anecdótico, tiene consecuencias directas en el bolsillo: quien no comprende lo que paga difícilmente puede detectar errores o valorar si existen alternativas más económicas.
UN RECIBO QUE NO SE DEJA LEER
El estudio desglosa el nivel de comprensión de los consumidores y el resultado es elocuente: un 47% afirma entender la factura solo parcialmente, mientras que un 12% admite no comprenderla en absoluto. Además, el 68% considera que el recibo contiene conceptos técnicos difíciles de interpretar, desde los tramos horarios de la tarifa hasta el desglose de peajes y cargos regulados.
Esta opacidad no se limita al recibo en sí. El 44% de los encuestados desconoce si la potencia que tiene contratada es la adecuada para su hogar, un parámetro que incide directamente en el coste fijo de la factura y que, si está sobredimensionado, genera un sobrecoste mensual innecesario. A ello se suma que el 67% no sabe cuántos kilovatios hora consume al mes, lo que imposibilita cualquier ejercicio básico de comparación entre ofertas.
UN PROBLEMA DE DISEÑO, NO DEL CONSUMIDOR
Los expertos en energía coinciden en que la complejidad de la factura eléctrica española no es un problema de formación del usuario, sino de un formato que arrastra décadas de regulación superpuesta. El recibo incluye conceptos como el término de potencia, el término de energía, los peajes de acceso, los cargos del sistema, el impuesto sobre la electricidad y el IVA, cada uno con sus propias reglas de cálculo. A esto se añade la convivencia de tarifas con discriminación horaria, el 23% de los hogares tiene una, que introducen hasta tres tramos de precio distintos según la hora del día.
Los expertos en energía coinciden en que la complejidad de la factura eléctrica española no es un problema de formación del usuario, sino de un formato que arrastra décadas de regulación superpuesta. El recibo incluye conceptos como el término de potencia, el término de energía, los peajes de acceso, los cargos del sistema, el impuesto sobre la electricidad y el IVA, cada uno con sus propias reglas de cálculo. A esto se añade la convivencia de tarifas con discriminación horaria, el 23% de los hogares tiene una, que introducen hasta tres tramos de precio distintos según la hora del día.
LA BRECHA ENTRE INTENCIÓN Y ACCIÓN
El estudio de QueComparo.es revela una paradoja: el consumidor español quiere ahorrar, pero carece de las herramientas para hacerlo. El 79% de los encuestados asegura que cambiaría de tarifa si se le demostrase un ahorro real, el 74% estaría dispuesto a adaptar sus hábitos de consumo al precio de la energía y el 61% se declara interesado en recibir consejos personalizados de ahorro. Sin embargo, solo el 35% conoce su propio patrón de consumo y apenas el 54% distingue con claridad los tipos de tarifa disponibles en el mercado.
Esta brecha informativa tiene un coste real. Según las estimaciones del estudio, los hogares que han revisado su factura y ajustado su contrato, potencia, tipo de tarifa y comercializadora, han obtenido un ahorro medio que puede alcanzar los 245 euros anuales. Un margen que, para una parte considerable de la población, permanece sin explotar.
UN MERCADO EN MOVIMIENTO DESIGUAL
El 58% de los hogares encuestados se encuentra en el mercado libre, frente al 31% que permanece en el mercado regulado. Iberdrola, Endesa y Naturgy concentran la mayor cuota entre las comercializadoras. No obstante, la movilidad del consumidor no es homogénea: Madrid (38%), Cataluña (35%) y la Comunidad Valenciana (32%) registran las tasas más altas de cambio de compañía, mientras que la media nacional se sitúa en el 24%.
Los hogares con un consumo superior a 300 kWh al mes son los más propensos a buscar alternativas (63%), presumiblemente porque el impacto económico de cualquier mejora es más visible en su factura.
TRANSPARENCIA PENDIENTE
Los resultados del estudio apuntan a un problema estructural en la relación entre las compañías eléctricas y sus clientes: la información fluye de forma deficiente. Mientras la factura siga siendo un documento opaco para seis de cada diez hogares, el mercado eléctrico seguirá funcionando con una asimetría informativa que perjudica al consumidor.
Organizaciones de consumidores y plataformas de comparación insisten en que la simplificación del recibo y el acceso a asesoramiento independiente son dos vías complementarias para corregir esta situación. El dato más revelador quizá sea que el 43% de los encuestados se plantea cambiar de compañía: la insatisfacción existe; lo que falta, en muchos casos, es la información para actuar.
(Información remitida por la empresa firmante)