Archivo - Vista general del centro de Estocolmo (Suecia). - EUROPA PRESS - Archivo
MADRID 19 Feb. (EUROPA PRESS) -
En 2012 el Gobierno de Suecia creó una cuenta de ahorro conocida como ISK, con la que quería animar a los ciudadanos a que pusieran su dinero 'a trabajar' invirtiendo en Bolsa en lugar de tenerlo estancado en depósitos bancarios sin remunerar.
Este modelo se ha vuelto conocido en el país nórdico gracias a un sistema creado para particulares en el que se paga un impuesto anual predecible, sin complejidades fiscales, en lugar de pagar impuestos por separado sobre las ganancias y pérdidas generadas por cada producto financiero.
Centrándonos en el ámbito impositivo, desde el 1 de enero de 2026 el ahorro en ISK y en seguros de capital está exento de tributación hasta 300.000 coronas suecas por persona (alrededor de 28.000 euros), tras elevar la base exenta desde las 150.000 coronas suecas vigentes en 2025. Esto significa que más personas no tendrán que pagar impuestos y que el tipo impositivo será menor para la mayoría de los ahorradores.
Este año, Bolsas y Mercados Españoles (BME) ha propuesto crear un modelo de cuentas de inversión para clientes minoristas inspirado en las 'Cuentas ISK' orientado al crecimiento y desarrollo de empresas españolas, además de atraer el ahorro de los hogares a los mercados y hacer crecer el número de inversores, como ha pasado en Suecia.
Se estima que más de 3,5 millones de personas en Suecia tienen una cuenta de ahorro para inversión con un importe medio de 300.000 coronas suecas, según un informe de BME elaborado a finales de 2024. Además, en los últimos 10 años 500 empresas se han lanzado a cotizar en la Bolsa de Suecia tras la presentación de este modelo.
¿QUÉ ES EL ISK?
La ISK es una opción popular debido a su simplicidad en la gestión y tributación de inversiones. En lugar de tributar por cada ganancia o pérdida de capital, se aplica un tributo anual. Esta tributación la realizan los bancos, que se encargan de notificar a la Agencia Tributaria de Suecia.
En concreto, los clientes que cuentan con este tipo de cuenta de ahorros pueden comprar, vender e intercambiar participaciones con la frecuencia que deseen y no tienen que declarar ni tributar sus beneficios individuales.
No obstante, los clientes no pueden deducir una pérdida de una ganancia, por lo que, si obtienen una rentabilidad negativa, seguirán pagando impuestos.
¿CÓMO SE CALCULA EL IMPUESTO QUE APLICA?
En lugar de gravar los beneficios reales obtenidos cada año, la Hacienda sueca toma como referencia un rendimiento teórico del capital. Para ello se calcula un valor medio del dinero y de los activos que el ahorrador mantiene en la cuenta durante el año y se le aplica un tipo de interés de referencia fijado por el Estado, al que se suma un pequeño margen adicional.
Sobre ese rendimiento teórico se aplica después un tipo del 30%, de forma que el resultado final es una carga fiscal relativamente reducida en comparación con el impuesto que se pagaría sobre plusvalías y dividendos de forma individual.
De esta manera, el ahorrador sabe de antemano que cada año pagará un porcentaje aproximado sobre el valor de su patrimonio invertido, con independencia de que haya ganado o perdido dinero en sus operaciones.
Esto simplifica la declaración de la renta, evita tener que llevar un registro detallado de cada compra y venta y ofrece una mayor seguridad jurídica, algo que BME considera clave para fomentar la inversión minorista si se implanta un modelo similar en España.
¿QUÉ SE PROPONE EN LA UE?
La 'Unión del Ahorro y la Inversión', lanzada por la Comisión Europea en 2025, es una propoesta que busca ofrecer mejores oportunidades financieras a los ciudadanos conectando su ahorro con la economía real. La intención es que los hogares dispongan de más herramientas para hacer crecer su patrimonio y que, al mismo tiempo, las empresas europeas accedan a más financiación para afrontar retos como la transición climática, la digitalización o el nuevo contexto geopolítico, que exigen elevar la inversión anual en cientos de miles de millones de euros.
Dentro de esta estrategia, la propuesta estrella es una "cuenta de ahorro e inversión" europea (Savings and Investment Account, SIA): un envoltorio común para cuentas sencillas, con incentivos fiscales y dirigidas a particulares en todos los Estados miembros.
En esta línea, cada país diseñaría sus propias SIAs siguiendo un plano común fijado por Bruselas, con beneficios fiscales para las inversiones a largo plazo, bajos mínimos de entrada, un diseño simple y transparente y una cartera de instrumentos básicos (depósitos, fondos diversificados, bonos y acciones), inspirándose en experiencias nacionales de éxito como la del modelo ISK sueco.