MADRID, 23 Feb. (EUROPA PRESS) -
"El compromiso de una empresa con la ética será efectivo en la medida en que cada sujeto personal y libremente asuma los valores contenidos en su código de conducta", una cuestión "de vital importancia" ya que la formación ética de las personas "exige un respeto profundo a la libertad humana y los valores corporativos no pueden imponerse", defiende la profesora e investigadora de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), Patricia Debeljuh, en un artículo publicado en el Boletín del Instituto Argentino de Responsabilidad Social Empresarial (IARSE).
Como 'columnista invitada', Debeljuh señala en su artículo que la libertad de una persona "lleva a que tenga en sus manos la posibilidad de elegir el bien que encierran sus acciones", y de alguna manera, cuando una empresa presenta su compromiso con unos valores, "invita a su gente a que desarrolle sus potencialidades". "Sería una interpretación errónea de la libertad si se pretendiera, a partir de ese compromiso --que muchas veces queda plasmado en algún documento--, catalogar las diferentes acciones en buenas o malas, ordenando su cumplimiento o condenando su desacierto".
En definitiva, apunta la profesora, "se dejaría a la empresa la tarea de fijar de una vez por todas, de manera definitiva e irrevocable cómo deben actuar las personas", y proceder así equivaldría, a su juicio, "a un abuso de poder y acabaría suprimiendo la libertad de las personas".
Sin embargo, y así como una brújula ayuda a quien la usa a encontrar el camino correcto, --no la obliga a que lo siga--, del mismo modo, los valores éticos de una empresa "inducen a las personas a determinar moralmente su voluntad hacia los bienes que encierran, pero no las pueden obligar a que quieran actuar de esa manera".
Puesto que el hombre puede hacer el bien, pero también tiene la capacidad de elegir el mal, "el solo hecho de contar con un código de conducta no hace éticas a las personas ni, por ende, a las organizaciones". "Un hombre será bueno o malo única y exclusivamente en función de él mismo, es decir a partir de las determinaciones de la propia voluntad", aunque ello no quita que el compromiso de una empresa con la ética "no sea un estímulo para el recto comportamiento en la medida en que se le muestre a las personas el valor que encierran."
MORALIDAD Y ELECCIÓN
No hay que olvidar, --continúa la experta--, que a la hora de tomar una decisión, "hay infinitas maneras de hacer el bien porque cada acción buena admite tantos estilos como sujetos la protagonicen".
"La elección queda reservada, por tanto, al juicio de cada persona y así cada uno se hace responsable de su destino mediante sus actos y decisiones, por los que se obliga y se compromete ejercitando su libertad", apunta.
"Si la libertad del hombre es considerada como mera autonomía, las normas de la organización pueden contraponerse a las de los individuos, que sólo estarán dispuestos a acatar aquellas indicaciones que coincidan con sus propios principios", agrega.
Ahora bien, "si la libertad es concebida como autodeterminación, la persona puede decidir sumarse a las disposiciones de la empresa, aunque no coincidan con sus gustos, tendencias y normas personales, siempre que no socaven sus propios valores, porque ve en ellas algún bien que lo perfecciona".
En este sentido, insiste, se comprende que el compromiso de una empresa con los valores corporativos "deja siempre la decisión de obrar de acuerdo con ellos a la libertad personal". Puede decirse que, en cierta medida, "marca un ideal a conseguir, contando con los esfuerzos necesarios y libres de cada uno". Lo importante es, concluye, "el compromiso de intentar adecuarse al máximo a los valores y actuar --con libertad y responsabilidad personal-- coherentemente con ellos".