Archivo - Lingotes de oro. - Sven Hoppe/Dpa - Archivo
MADRID, 12 Jun. (EUROPA PRESS) -
Desde febrero de 2024, la fiebre por el oro ha impulsado su precio hasta nuevos máximos históricos. Justo antes, el elevado gasto público para hacer frente a la crisis del Covid-19 y la inflación posterior obligaron a los bancos centrales internacionales a elevar con fuerza los tipos de interés para contener el aumento del coste de vida.
En concreto, el Banco Central Europeo (BCE) llegó a encadenar diez subidas consecutivas de tipos --algunas de ellas de 0,5 puntos-- en apenas 14 meses, hasta situar el coste de financiación en el 4,5% en septiembre de 2023.
Entonces, hubo que esperar hasta finales del primer trimestre del siguiente ejercicio para observar una mejora de los datos de inflación en la eurozona que previese un cambio de tendencia en Fráncfort y anticipase un ajuste a la baja de los tipos.
Durante ese periodo de más de cuatro años --desde inicios de 2020--, el oro se mantuvo prácticamente plano en el entorno de los 2.000 dólares la onza, después del ligero repunte registrado en los primeros compases de la pandemia, cuando actuó como activo refugio ante el elevado contexto de incertidumbre.
Iniciado el lapso de tiempo de flexibilización monetaria en 2024, el metal se disparó en apenas dos años hasta alcanzar los 5.600 dólares a finales del mes de febrero del presente ejercicio, llegando a casi triplicar el valor previo a la caída de tipos.
Casi cuatro meses después --y una guerra en Oriente Próximo entre Estados Unidos e Israel, por un lado, e Irán, por el otro, de por medio--, el metal precioso acumula una caída del 25% y se posiciona en el entorno de los 4.200 'billetes verdes' la onza, aunque llegó a estar al borde de perder la cota psicológica de los 4.000 dólares este jueves.
FORTALECIMIENTO DEL DÓLAR Y ALZA DE TIPOS
En este sentido, el responsable de investigación de XTB, Manuel Pinto, ha explicado que, entre los principales motivos de la caída, cobran fuerza "el fortalecimiento del dólar y el repunte de las rentabilidades de la deuda [Bonos del Estado], impulsadas por las expectativas de una política monetaria más restrictiva por parte de la Reserva Federal (Fed)", lo que está ejerciendo presión sobre los metales preciosos.
Por su parte, el director de Investigación Next Generation de Julius Baer, Carsten Menke, ha señalado que el informe del mercado laboral estadounidense de la semana pasada --en el que se anunció que la economía norteamericana creó 172.000 nuevos puestos de trabajo, muy por encima de los 85.000 previstos por el mercado-- provocó "una venta masiva en los mercados de metales preciosos", dado que la resiliencia de la economía de Estados Unidos (EEUU) daba vía libre a la Fed para subir los tipos de interés si fuera necesario para combatir la inflación.
"Como resultado, se observó una nueva ola de ventas por parte de los inversores, tanto en los mercados físicos como en los de futuros", ha precisado Menke. No obstante, el experto ha adelantado que la demanda de inversión "debería recuperarse" una vez que se restablezca "la claridad y la confianza" en la política monetaria estadounidense, ya que la presión inflacionaria debería ser "temporal".
Además, el analista ha defendido que la entidad sigue considerando que las compras de los bancos centrales son la fuerza estructural más importante en el mercado del oro y prevé que la demanda de inversión en Occidente se recupere.
No obstante, Menke ha admitido que la atención de los inversores se ha desplazado hacia las perspectivas de crecimiento y la política monetaria de EEUU, relegando las compras por parte de los bancos centrales a un segundo plano.
En este contexto, desde Julius Bear han reconocido que están reduciendo los objetivos de precio para el oro y la plata, aunque mantienen sus perspectivas sin cambios, al tiempo que conservan su posición larga para el metal precioso.
Pinto, algo más optimista en el corto plazo, ha avanzado que la incertidumbre que rodea la primera reunión del nuevo presidente de la Fed y las dudas sobre la capacidad del organismo para contener las presiones inflacionistas podrían aumentar los temores a un escenario de estanflación, un entorno históricamente favorable para los activos refugio como el oro.
En la misma línea, la gestora de fondos Jupiter AM aseguró en un reciente informe que, pese a las caídas acumuladas desde el inicio de la guerra en Oriente Próximo, el oro "no ha cambiado" sus fundamentales, al tiempo que preveía que si la contienda entre Estados Unidos e Irán termina pronto, el mineral precioso volvería a repuntar.
Un escenario cada vez más alcanzable, puesto que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha aseverado en la madrugada de este viernes haber "puesto fin" a la guerra con Irán, aunque, por el momento, desde la República Islámica no existe pronunciamiento alguno que lo confirme.
El anuncio ha dado la vuelta al mercado. Así, el responsable de investigación de XTB ha justificado que el repentino ajuste de los rendimientos de las obligaciones del Estado y el posible debilitamiento del dólar "hacen más atractivo al oro". "Además, las dudas sobre la sostenibilidad fiscal de EEUU podrían volver a impulsar la demanda del metal, lo cual sumado a la falta de independencia de la Fed podrán impulsar su precio", ha remachado Pinto.
6.200 DÓLARES A FINALES DE JUNIO
Las entidades financieras mantienen, por su parte, sus previsiones sobre la evolución del oro. Entre las últimas revisiones, el banco privado suizo Union Bancaire Privée (UBP) recortó a finales de mayo en 500 dólares su estimación para el cierre de 2026, hasta situarla en los 5.500 'billetes dolares' por onza.
Por el contrario, UBS calculó en un análisis de marzo que el precio del metal remontaría hasta alcanzar los 6.200 dólares a finales de este mismo mes de junio. De ser así, el metal precioso cuenta con poco más de 15 días para elevar su valor en casi un 50%.