Vega Sicilia y Rothschild invierten 22 millones en Samaniego, donde se elabora su primera cosecha de Macán

Actualizado 05/04/2017 11:11:16 CET

La nueva cosecha saldrá al mercado en 2020

MADRID, 4 Oct. (EUROPA PRESS) -

Las familias Benjamin de Rothschild y Álvarez, propietarios de Vega Sicilia, han concluido las obras de la nueva bodega en Samaniego (Rioja Alavesa) tras invertir 22 millones de euros, y donde elaborarán la cosecha de este año de Macán, que saldrá a la venta a partir de 2020, según ha informado la empresa española en un comunicado.

En concreto, la nueva bodega permitirá mejorar la calidad de los vinos Macán y Macán Clásico, obtener una mejor expresión de todas sus parcelas y elevar la producción hasta las 350.000 botellas, siempre en función de las cosechas y del control de calidad que caracterizan los vinos de estas dos familias.

De esta forma, de los 22 millones de euros que ha costado la nueva bodega, 16,5 millones de euros se han destinado a la ejecución de la obra y 5,5 millones de euros a la inversión de todo el proceso industrial, así como a la "más avanzada tecnología" para garantizar la calidad de los vinos.

La nueva bodega, que está localizada a los pies de Sierra Cantabria y junto al valle del Ebro, ha sido construida en una parcela rectangular de cinco hectáreas en la que se ha levantado un complejo de tres edificios con más de 9.000 metros cuadrados construidos.

El diseño ha buscado "simplificar ideas y conceptos, diseño y formas, materiales y colores, en definitiva hacer simple lo complejo".

La bodega consta de tres naves principales: elaboración, envejecimiento y expedición, que están separadas entre ellas para dotarlas a cada una de sus necesidades específicas y, gracias a la pendiente del terreno, la gravedad impulsará el vino de una sección a otra.

La primera cosecha de Macán 2009 salió al mercado en la primavera de 2013 con 90.000 botellas de Macán y Macán Clásico que se agotaron en semanas.

La nueva bodega permitirá aumentar la producción de los dos vinos a las 350.000 botellas al año, siempre en función de las cosechas y de sus procesos de calidad.

Ariane de Rothschild ha destacado que este proyecto es la "unión de dos familias que piensan igual". "En aquel momento, antes de que nos sacudiera la crisis, pocos se planteaban invertir a tan largo plazo. Dijimos que éste iba a ser un vino para nuestros hijos que, con el paso de las generaciones, tendría la categoría de mítico. Y después de las tres primeras cosechas y la excelente acogida del mercado, no me cabe duda de que lo vamos a conseguir", ha recalcado.

Por su parte, Pablo Álvarez ha reconocido que hacerse con el terreno fue lo más complicado y lo "más caro". "La tierra es clave, pero es sólo el principio. Después hay que cuidar la viña, seleccionar la uva que deja cada cepa y elaborar un vino, siguiendo el estilo bordelés, como se ha venido desarrollando en Burdeos desde el siglo XIX. Y el tiempo. El tiempo es fundamental para obtener un gran vino", ha recalcado.

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