Archivo - Un avión volando. - INDRA - Archivo
MADRID 18 Ago. (EUROPA PRESS) -
Los retrasos en la entrega de nuevos aviones obliga a las aerolíneas a posponer la renovación de su flota y, en consecuencia, operar con aeronaves de generaciones anteriores que consumen más combustible, lo que genera un aumento de alrededor de 3.000 millones de dólares (2.591,7 millones de euros) en sus costes anuales.
Así se desprende de un estudio de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), en el que ha destacado que la modernización de la flota es una "importante herramienta" para la descarbonización del sector, pero las demoras en los envíos, causados por problemas en la cadena de suministro y la fabricación, están ralentizando el progreso.
Por tipología de avión, los de fuselaje ancho de última generación reducen las emisiones de CO2 por asiento-kilómetro disponible (ASK) en un 20%. En el caso de los de fuselaje estrecho y los regionales, la bajada es aún mayor, del 24% y 40%, respectivamente.
En total, el uso de aeronaves antiguas genera aproximadamente 12 millones de toneladas de emisiones adicionales de CO2 al año, lo que equivale al 1,2% de las emisiones totales de la industria o a las de 2,6 millones de automóviles.
Tal y como ha explicado el organismo, esto representa el doble del ahorro que se obtendría al utilizar todo el combustible de aviación sostenible (SAF), que se calcula que se producirá en 2026, lo que evitaría unas seis millones de toneladas de emisiones de CO2, o el 0,6% de las emisiones totales de CO2 de la industria aérea.
Además, la falta de aeronaves modernas también conlleva mayores emisiones distintas al CO2, ya que las nuevas tecnologías de motores, como las cámaras de combustión de mezcla pobre, emiten muchos menos óxidos de nitrógeno y reducen significativamente las partículas no volátiles.