Actualizado 03/07/2007 19:47 CET

Cerrar Guantánamo ya

La cárcel estadounidense de Guantánamo es una vergüenza internacional que dura demasiado. Es un lugar perdido donde, desde enero de 2002, 375 presos -de los 775 que han pasado por allí- no tienen ningún derecho, ni siquiera los que reconoce la Convención de Ginebra a cualquier prisionero. Están sometidos a interrogatorios sin ley, es decir bajo tortura, viven en celdas al aire libre en condiciones infrahumanas, el 10 por ciento sufre trastornos mentales, no saben si van a ser juzgados algún día, y, en el caso improbable de que fuera así, las reglas no serán las que impone la justicia sino las que marcan las comisiones militares estadounidenses. Es decir, no será un juicio imparcial ni justo.

Lo único positivo para ellos es que tienen abogados que les defienden contra todo y en condiciones muy difíciles. Hace bastantes meses, uno de ellos, Charles Swift, un jurídico, capitán de coberta de la Armada de los Estados Unidos, al que le encomendaron la defensa de oficio de unos de esos presos, el chófer de Bin Laden, logró que el Tribunal Supremo obligara al Gobierno de Estados Unidos a reconocer los derechos de la Convención de Ginebra. Pero la Administración Bush logró que el Congreso aprobara una ley que volvía a dar luz verde a las comisiones militares, es decir a despojar de los derechos fundamentales a esos presos. Los abogados volvieron a insistir ante el Tribunal Supremo, sin éxito.

Ahora, de pronto, el Supremo anuncia que reconsidera sus decisiones anteriores y vuelve a ocuparse del asunto, lo que podría indicar que puede fallar en contra de la Administración Bush y poner fecha a al cierre de Guantánamo. Condoleeza Rice es una de las voces que cree que el daño a la imagen de Estados Unidos que produce Guantánamo es mucho mayor que el hipotético beneficio. Otros creen que desactivar Guantánamo puede ser imprescindible para los republicanos ante las próximas elecciones en las que ya no estará Bush. Sea como sea, si, gracias a la actuación de los abogados, el Tribunal Supremo de Estados Unidos pone fin a esta vergüenza que ha durado demasiado desde el primer día, podremos decir que frente a la arbitrariedad está siempre el estado de Derecho. Esa es la única garantía de los ciudadanos, estén en prisión o en libertad. Y si no es así, Guantánamo será una página negra en la historia de la democracia, de la justicia y de la libertad.

Francisco Muro de Iscar.