KARACHI (PAKISTÁN), 13 (Reuters/EP)
Las inundaciones desencadenadas por las lluvias del monzón han paralizado este martes Karachi, la ciudad más grande de Pakistán y su principal centro económico, ya que son pocas las personas que han podido acudir a sus puestos de trabajo o al colegio.
Estas inundaciones han causado la muerte de unas 200 personas en la provincia meridional de Sindh, cuya capital es Karachi. Además, han dejado sin hogar a unas 280.000 personas, destruido o dañado 1,2 millones de viviendas y sumergido 1,8 millones de hectáreas, según las autoridades paquistaníes y ONG de países occidentales.
En Karachi volverá a llover este miércoles, según las previsiones meteorológicas. Muchas calles son intransitables, los coches se han quedado atrapados, varias gasolineras se han inundado y parece que no se está haciendo nada por drenar el agua.
El coordinador del distrito, Mohamad Husain Syed, ha dicho que se han registrado entre 50 y 100 milímetros de precipitaciones en la ciudad y que "la situación es bastante mala". "Muchas calles y zonas están inundadas y la cosa puede empeorar", ha afirmado el coordinador, que ha añadido que de momento no se tiene constancia de víctimas.
Varias ONG han advertido de que podrían surgir brotes de enfermedades como consecuencia de las inundaciones, especialmente entre los niños.
Además, Pakistán podría haber perdido hasta dos millones de balas de algodón (que equivaldría al 13 por ciento de sus cosechas) como consecuencia de las lluvias monzónicas que se han producido durante la época de recolección en Sindh, según los cálculos de las autoridades y el sector.
Karachi, una ciudad de 18 millones de habitantes donde se ubica el principal puerto del país, genera unos dos tercios de los ingresos que recibe el Gobierno por impuestos y un 25 por ciento del PIB.
Durante las devastadoras inundaciones de 2010, una quinta parte del país quedó sumergida (una superficie del tamaño de Italia), unas 2.000 personas murieron y once millones se quedaron sin hogar.
En aquel momento, el Ejército se hizo cargo de las operaciones de rescate y ayuda, mientras que el Gobierno fue criticado por su lentitud e ineficacia. Más de un año después, más de 800.000 familias siguen sin tener un domicilio permanente, según la ONG Oxfam, y más de un millón de personas necesitan asistencia alimentaria.