Actualizado 01/07/2007 18:19 CET

El cambio climático no debe ser considerado como causa única en el conflicto de Darfur

JOHANESBURGO, 1 Jul. (EP/AP) -

El cambio climático podría ser una de las causas de la lucha en Darfur, pero achacarlo como único factor del conflicto no sólo oscurecería otros importantes motivos, sino que podría obstaculizar la búsqueda de soluciones, según los analistas, en respuesta a los informes que señalan la competencia por los recursos naturales de la zona, cada vez más escasos por el calentamiento global en el oeste del país afrocano, como detonante de los enfrentamientos.

"El calentamiento global se ha convertido en un tema tan conocido que todos los problemas se están considerando como parte del cambio climático", afirmó la investigadora del Instituto para el Desarrollo Exterior, Sorcha O'Callaghan.

"Está claro que la competencia por los recursos naturales ha sido, definitivamente, uno de los principales motivos del conflicto. Pero dar a dicha competencia un énfasis indebido, a expensas de otras causas, es un intento de simplificar" una crisis compleja, que debe ser abordada, según la investigadora, "con vistas a una resolución".

Una de las primeras voces que añadió el matiz ecológico en el conflicto de Darfur fue el economista Jeffrey Sachs. "En los últimos años, se ha demostrado que los cambios en las precipitaciones pueden derrocar gobiernos e, incluso, iniciar guerras", afirmó en un artículo publicado en la página web Scientific American, en julio del año pasado.

"La matanza de Darfur, en Sudán, que suele discutirse en términos exclusivamente en términos políticos y militares, tiene sus raíces en una crisis ecológica que parte, directamente, de las paradojas climáticas", escribió el economista.

Esta opinión también ha sido secundada por el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki Moon, que en un artículo de opinión para el diario estadounidense 'The Washington Post' consideró el cambio climático como "el inicio de la crisis en Darfur, entre otras diversas causas socio-políticas".

Del mismo modo, el grupo de expertos -- en su mayoría ex oficiales del Ejército estadounidense -- CNA, consideró a Darfur, en uno de sus informes, como "un caso de estudio sobre cómo las situaciones marginales pueden terminar siendo exacerbadas por factores relacionados con el clima".

50 AÑOS DE CONFLICTO

En su medio siglo de independencia, Sudán, el país más grande de África, ha estado plagado de conflictos, según los historiadores, enraizados en la dominación política, social y militar del país por una pequeña élite en el norte de Sudán.

La guerra civil ha afectado a la totalidad de los diez estados del sur, a los tres estados de Darfur en el oeste del país, el centro -- con los estados de Nilo Azul y Kordofan del Sur--, el estado de Kassala en el este y el del Mar Rojo, en el noreste del país.

"La lucha en Darfur ha tenido lugar de forma intermitente durante al menos los últimos treinta años", según el informe 'Sudán: Asesoramiento (BUSCAR: Assesment) Medioambiental en el Post-Conflicto de Darfur' redactado por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

"Hasta 2003", prosigue el informe, "el conflicto se había reducido a una serié de conflictos tribales, locales...parcialmente conectados, hasta que estas hostilidades escalaron hasta convertirse en una confrontación militar a gran escala en los tres estados de Darfur", una lucha que en ocasiones "se extiende a Chad y a República Centroafricana", según el documento.

VARIEDAD DE CAUSAS

Entender todas las causas del conflicto en Darfur requiere una aproximación mucho más sutil. La historiadora Julie Flint, coautora junto con Alex de Waal del libro 'Darfur: la corta historia de una larga guerra", entiende que "hay algo de verdad" en la relación entre el conflicto y la demanda de recursos naturales escasos. Cita como ejemplo la seguía y la hambruna de 1984, que llevó a conflictos locales entre pastores y granjeros", y que culminó en un conflicto abierto en 1987, que se prolongó durante dos años.

Sin embargo, Flint considera que los intentos de limitar el conflicto de Sudán como una lucha basada en los recursos "lava las manos del Gobierno sudanés".

O'Callaghan citó entre las causas del conflicto "diferencias históricas, distribución desigual del poder y de los recursos, disputas por el acceso a los recursos naturales, la proliferación del contrabando de armas y la militarización de la juventud". De este modo, considera, "los temas locales se han politizado e insertado dentro de la dinámica histórica sudanesa".

Por su parte, el director del Programa de Seguridad y Cambio Medioambiental del Centro de Estudios Woodrow Wilson, Geoffrey Dabelko, hizo notar que "la competición entre pastores y agricultores es la llave de muchos conflictos en África". Entre estas crisis destaca la de Darfur, donde "la violencia entre tribus y grupos étnicos son las líneas divisorias más claras".

Sin embargo, Dabelko estimó que "las historias de estos conflictos no pueden ser relatadas sin incluir las tensiones demográficas y medioambientales subyacentes".

EL FACTOR DEL CAMBIO CLIMÁTICO

Sudán, junto con otros países localizados en el Cinturón del Sahel, ha sufrido numerosas y devastadoras sequías en las últimas décadas, como reflejó el PNUMA en su último informe. La más severa aconteció desde 1980 hasta 1984, y conllevó miles de desplazamientos y hambrunas localizadas.

"La escala de la historia del cambio climático (en Sudán) no tiene precedentes", afirma el documento. "La reducción de la lluviosidad ha convertido millones de hectáreas de terreno semidesértico" en un campo árido, de acuerdo con el informe, que considera que el impacto del cambio climático está "directamente relacionado con el conflicto en la región, ya que "la desertificación ha añadido una presión significativa a las vidas de sociedades pastoralistas, obligándolas a desplazarse al sur para encontrar" recursos.

UN CÍRCULO VICIOSO

Y el conflicto, por su parte, se está cobrando su precio con el medio ambiente, en una campaña sobre una tierra arrasada donde las milicias actúan sobre un área muy amplia, provocando no solo la muerte de civiles, sino la desertización de enormes zonas de bosques, obligando a la población a huir en busca de protección, comida y agua.

Las pruebas son evidentes. Investigadores del PNUMA han determinado que la deforestación se extiende en un radio de 10 kilómetros alrededor de los campos de refugiados.

Entre las recomendaciones propuestas por la agencia de Naciones Unidas, destaca la necesidad de realizar inversiones en gestión medioambiental, desarrollar medidas para mejorar la adaptación climática, así como procurar integrar factores medioambientales en los proyectos de desarrollo de Naciones Unidas.

"El coste total de la puesta en práctica de las recomendaciones se estima en 120 millones de euros", según el informe, que se invertirían en un plazo de entre tres a cinco años.