Todos los esfuerzos de quienes se proclaman líderes mundiales están centrados en la crisis económica. Sin embargo, bajo esta crisis, hay otra de derechos humanos, derivada de décadas de fracasos de los gobiernos de todo el mundo por hacer los derechos humanos realidad, y que apenas recibe atención.
Esta crisis de derechos humanos es una combinación de escasez de alimento, empleo, agua potable, tierra y vivienda para miles de millones de personas en el mundo con un panorama de privación de derechos, discriminación, desigualdad, racismo, violencia y represión.
Y la recesión económica no ha hecho sino acentuarla. Por un lado, agravando la situación, con la agudización de la crisis alimentaria, con una mayor restricción de los derechos de las personas inmigrantes, o alimentando el racismo y xenofobia; por otro, conduciendo directamente a más violaciones de derechos humanos.
Por ejemplo, cuando se han reprimido violentamente las protestas por las consecuencias de la recesión, lo que ocurrió en al menos 17 países durante 2008. Y en todo caso desviando la atención y los recursos de los Estados de graves amenazas a los derechos humanos, como los conflictos armados o la violencia contra las mujeres. Por si fuera poco, la crisis económica amenaza con sumir en la pobreza a más personas y hacer que estén más expuestas a violaciones de derechos humanos.
¿Qué están haciendo los líderes del mundo para abordar una situación que afecta a los derechos de miles de millones de personas? Hasta el momento, más bien poco, ya que se centrar en reactivar la economía mundial dejando a un lado los derechos humanos. Si en los últimos años hemos visto pisotear los derechos humanos en nombre de la seguridad, ahora los vemos pisoteados en nombre de la recuperación económica. Y hay algo claro: ignorar una crisis para concentrarse en otra es la receta perfecta para agravar las dos.
En este complejo panorama, Amnistía Internacional lanza su campaña 'Exige Dignidad', con la que pretendemos dar respuesta a ese escándalo de derechos humanos que son las cifras y los rostros de la pobreza. Una campaña con la que queremos expresar que la pobreza es una cuestión de derechos humanos. De violaciones de derechos humanos que conducen a la pobreza y que la perpetúan. De incumplimiento de los gobiernos de sus compromisos con los derechos humanos.
Los países del G20, que reclaman el liderazgo mundial en la lucha contra la crisis económica, deberían ejercer ese liderazgo buscando soluciones basadas en los derechos humanos, enfrentándose a sus propias contradicciones en esta materia e invirtiendo en los derechos humanos al menos tanto esfuerzo como el que invierten en tratar de preservar el crecimiento económico.
Porque la pobreza no es inevitable: es consecuencia de políticas y prácticas concretas. Por ello me pregunto: si los países del G-20 han sido capaces de coordinarse y reunir sumas incalculables para reactivar la economía, ¿por qué no ponen el mismo esfuerzo para hacer frente a su responsabilidad con los derechos de las 963 millones de personas que pasan hambre o los 1.000 millones que malviven en asentamientos precarios?
Necesitamos un liderazgo mundial basado en valores globales como los derechos humanos, un liderazgo que trabaje a favor de todas las personas y no sólo de unas pocas. Y en ellos Amnistía Internacional va a poner todo su empeño.