Actualizado 16/05/2007 12:29 CET

Francisco Abad.- Empresa e inmigración

Buena parte de la sociedad cree que la inmigración es un tema muy complejo, relacionado principalmente con cayucos, injusticia global, ayuda humanitaria e inseguridad ciudadana. Para las empresas que trabajan en inmigración es, además, una oportunidad para facilitar la integración de estas personas a través de sus productos y servicios o el acceso al mercado de trabajo, necesidad imperiosa para mantener el ritmo de su actividad. Me refiero a los principales bancos y cajas, empresas de telefonía móvil, hostelería, servicios intensivos en personas o comercios. Pero son casos aislados. No se puede decir que el sector empresarial como tal cuente todavía con políticas activas a este respecto. Sin embargo, parece cuestión de tiempo.

Para ello, en primer lugar habría que conseguir que cualquier empresa se planteara si la inmigración es un tema relevante para ella, si tiene sentido tomar la iniciativa. Y si es necesario acompañar las actuaciones empresariales con actividades que faciliten su integración en la sociedad española.

Algunos datos pueden ayudar a contestar. La población crece en España a una tasa del 1,5% anual desde 2000, la más alta de la historia, principalmente porque hemos pasado de 900.000 a 4 millones de personas inmigrantes. Las previsiones del INE sitúan la población española en 53 millones de habitantes en 2050, 10 más que ahora a pesar de la baja tasa de natalidad entre los nativos. Los colegios recortaron en un millón el número de alumnos en la década de los años 90. La enseñanza obligatoria ha recuperado 424.438 desde 2000, el 98,5% de ellos extranjeros. España perderá entre un 20 y un 35% de licenciados universitarios nativos en la próxima década. La mitad del empleo creado en los últimos cinco años ha sido cubierto por inmigrantes. En Madrid, el 70% en 2006, con lo que ya representan el 20% del total de ocupados. El 50% del crecimiento del PIB de los últimos cinco años se puede asignar al proceso de inmigración, que genera un superávit de 5.000 millones de euros anuales en las cuentas públicas. Pero el efecto se reducirá y cambiará de signo según vaya aumentando el número de inmigrantes pensionistas. La inmigración incorpora un patrón sesgado hacia los bienes de consumo duradero, sobre todo importados, con un mayor consumo y un mayor endeudamiento a corto plazo.

Parece obvio que la inmigración ya es una oportunidad. Macroeconómica y para el mercado y el empleo de empresas líderes de los sectores mencionados.

Francisco Abad.

Director General de la Fundación Empresa y Sociedad.