Los avances tecnológicos e Internet llevan tiempo transformando la sociedad, y el ámbito pedagógico no es una excepción. Por ello, los sistemas educativos se enfrentan a apasionantes desafíos en la actualidad. El enorme potencial que la tecnología ofrece a los educadores está fuera de toda duda, pero no se basta por sí misma. De hecho, su llegada al aula es sólo la piedra de toque de un proceso que transformará la docencia por completo.
En los países desarrollados, existe ya la clara determinación de adaptar la educación al siglo XXI, apostando por nuevos métodos de aprendizaje. El ejemplo del Plan Escuela 2.0 español es lo suficientemente representativo: llevar el portátil y la pizarra digital interactiva al aula, para aprovechar todo el potencial de las TIC y darle la vuelta a las cifras de fracaso y abandono escolar. Las intenciones son inmejorables, pero hay que saber ver más allá: por cambiar un bolígrafo por el ratón de un ordenador no basta.
Respuestas a los retos de la educación
Ante todo, debemos saber cómo queremos trasformar el sistema educativo actual y aclarar cuál es el valor que aportará la tecnología. Hoy por hoy, los cinco grandes retos a los que han de responder los sistemas educativos son los siguientes.
El primero de ellos es claramente económico. La educación sirve para enseñar a los alumnos del presente a desempeñar los puestos de trabajo del mañana, todo ello en un entorno marcado por la globalización, la competitividad y unas condiciones que cambian a mayor velocidad que nunca. Los viejos modelos económicos ya no sirven, mientras que la innovación, el talento y la tecnología son esenciales para crear la economía del mañana.
El segundo reto tiene que ver con la ciudadanía. La educación ha de asegurar que, cuando los alumnos abandonen la escuela, hayan adquirido los valores, las habilidades y los conocimientos necesarios para vivir en sociedad.
El tercero es un desafío social: hay que crear sistemas en los que los alumnos trabajen juntos, aprendan con los profesores y dispongan de una adecuada base para ampliar sus conocimientos en el futuro. Las lecciones tradicionales, en consecuencia, han de verse necesariamente complementadas por un modelo de aprendizaje participativo y colaborativo, en el que el profesor no se sitúe en frente del aula, sino en el centro.
Además, la educación también tiene un propósito cultural, potenciando la identidad del estudiante y haciéndole consciente de que pertenece a una cultura determinada.
Por último, el quinto desafío tiene que ver con el ámbito de lo personal. La pedagogía ha de potenciar la capacidad personal del alumno, algo que en nuestros actuales sistemas educativos apenas tiene cabida. En este sentido, el aprendizaje personalizado y al propio ritmo de cada estudiante será esencial.
Cualquier intento de transformar la educación ha de tener en cuenta estos cinco grandes desafíos, si no quiere darse de bruces con la realidad y acabar siendo, de nuevo, altamente ineficaz.
La tecnología aplicada a la educación
Dicho esto, hay que estar atentos a otra gran realidad: la generación actual de estudiantes es radicalmente diferente de la de cualquier otra generación, pues se pasan la mayor parte del día inmersos en la tecnología. Por ello, esperan que la información se les presente de forma atractiva e interactiva, y para muestra un botón: la mayoría ya prefiere navegar por Internet a ver la TV.
La tecnología, en consecuencia, posee un gran potencial a la hora de transformar tanto la enseñanza como el aprendizaje. Además de ser fundamental como habilidad por sí misma, hace que el nivel de atención e interés de los estudiantes aumente. Aplicando las TIC al aula, los profesores pueden preparar sus lecciones directamente en formato digital, llevando a cabo la evaluación del alumno con carácter diario y lección por lección. De esta forma, el alumno aprende a su propio ritmo, al detectarse con mayor facilidad sus necesidades específicas.
¿Pero en qué se traduce exactamente todo esto? Básicamente, en tres grandes pilares: la pizarra interactiva digital (PDI), los sistemas de respuesta al aprendizaje y la conexión permanente del aula a Internet.
No obstante, conviene incidir en que la tecnología por sí misma no es la panacea absoluta. Para digitalizar un aula, no basta con llenar las clases con hardware y las herramientas más modernas, sino que lo verdaderamente importante es contar con soluciones didácticas y específicamente adaptadas al entorno educativo. Ante tal escenario, las pizarras y los ordenadores son totalmente complementarios, mientras que la gran diferencia radica en que, con la PDI, se pasa de la enseñanza al aprendizaje.
Asimismo, para garantizar el éxito de las nuevas tecnologías en el aula, el paso fundamental es formar a los propios docentes. Si no saben utilizar adecuadamente las nuevas tecnologías, ¿cómo van a enseñar adecuadamente a sus alumnos a usarlas? En realidad, todo consiste en un cambio de metodología y mentalidad, por lo que la llegada de las TIC al aula ha de ir siempre unida a un adecuado proceso de formación. Si todos los actores implicados en la educación colaboran, la revolución será menos traumática y más fructífera. De ello depende el porvenir de las nuevas generaciones.
José Antonio Dotor es responsable de negocio de Promethean Iberia.