"Saneamiento, rompamos el tabú". Por Araceli Lozano y Alejandro Jiménez, de ONGAWA

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Europa Press Sociedad
Actualizado: lunes, 21 noviembre 2011 20:18

El ciclo del agua engloba la totalidad del viaje del agua en su tránsito en la tierra, desde que llega en forma de lluvia hasta que vuelve al cielo gracias a la energía irradiada por el sol. Y en mitad de su viaje, se encuentra con multitud de acompañantes que la necesitan para vivir, que la necesitamos todos los seres vivos.

Pero algo se nos escapa, ¿qué pasa con el agua una vez consumida o utilizada? Esta es la parte que engloba el saneamiento, la parte olvidada: las aguas grises, las aguas residuales, las heces, la orina, etc.

Mientras que en la mayoría de los países del Norte es obligado el tratamiento de todas las aguas, en países en vías de desarrollo el 90% de las aguas residuales se vierten a los ríos sin ser antes tratadas, envenenando plantas, peces y demás animales de la cadena alimentaria y afectando negativamente a todas las poblaciones. Por ello, cuando hablamos de saneamiento estamos ante un problema ambiental y humano de graves consecuencias. Más de 2.600 millones de personas, el 40% de la población mundial, no tienen acceso a un inodoro, de los cuales 1.100 millones todavía defecan a diario al aire libre.

Imaginemos nuestra vida sin inodoro.... Imaginémonos cada día sin más alternativa que compartir letrina o defecar al aire libre, a las distintas horas del día, ¿cómo afectaría esto a nuestra actividad cotidiana?. Nuestros propios residuos se han convertido en un tema

tabú, a pesar de ser una de las primeras causas de mortandad en el mundo y un claro causante de pobreza.

Cada año se dan en el mundo 4.000 millones de casos de diarrea, 1,8 millones de personas mueren a causa de esa enfermedad, y el 90 por ciento de ellos son niños y niñas menores de cinco años (UNICEF-OMS). Esta enfermedad llega matar a más niños que el virus del SIDA, la malaria y el sarampión juntos. Por el contrario, el acceso a un inodoro reduce las muertes por diarrea en más de un 30 por ciento.

El saneamiento salva vidas, y acompañado de hábitos higiénicos, su eficacia es mayor: el simple hecho de lavarse las manos es una actitud que disminuye casi a la mitad la incidencia de diarrea y de otras infecciones. La promoción de la higiene es la intervención

en salud pública más rentable.

Y la salud afecta a otras muchas esferas de la vida. Si los niños no están sanos, no pueden concentrarse en la escuela o dejan de acudir, lo que difícilmente podrán aumentar sus conocimientos y capacidades. Y en el caso de las niñas, se añaden otros problemas, como no poder hacer sus necesidades corporales hasta la noche, para tener la privacidad necesaria, aunque también represente peligros de ataques o violaciones.

Cuando se logra el acceso a saneamiento cambian muchas cosas. En Alwar (India), la mejora de la infraestructura de saneamiento en las escuelas provocó una mejora generalizada de los resultados académicos, con un aumento de un tercio de las matrículas de las niñas. Resultados similares también se obtuvieron en Bangladesh.

Y cuando no se logra el acceso a saneamiento ocurre que las inversiones de los gobiernos han de desviarse a tratamientos sanitarios urgentes en lugar de invertirse en planes de desarrollo para el país. Solo en el Sudeste Asiático se vierten 13 millones de toneladas de heces cada año en las fuentes de aguas interiores.

Pero también podemos pensar en saneamiento en términos de beneficio: en los países en vías de desarrollo, el saneamiento mejorado --todo sistema que impide el contacto de la persona con la materia fecal-- y la educación en higiene produce, por lo general, nueve dólares (USD) de beneficio por cada dólar gastado.

¿Es posible el saneamiento universal?

Numerosos países han demostrado que el saneamiento universal es posible, generando resultados muy positivos a largo plazo. En 1973, el Gobierno de Malasia respondió ante varios brotes de cólera estableciendo un Programa Nacional de Saneamiento Medioambiental Rural. Treinta y cinco años de esfuerzos sostenidos en el ámbito local han tenido su recompensa: hoy día, el 98% de la población rural tiene acceso a una letrina sanitaria lo que ha supuesto una importante disminución en la incidencia de cólera, disentería y fiebre tifoidea.

Numerosos países están desarrollando programas innovadores para la consecución de estos objetivos. El programa "Saneamiento total liderado por la comunidad" (Community Led Total Sanitation, CLTS) aborda el problema desde la acción colectiva de la comunidad, promoviendo la cohesión y el orgullo por los avances alcanzados. Esta técnica se está utilizando en numerosos países y ONGAWA, Ingeniería para el Desarrollo Humano (antes Ingeniería Sin Fronteras ApD) la está implementando en sus programas de Mozambique y Tanzania. También existen iniciativas tecnológicas de bajo coste con muy buenos resultados, como el "inodoro ecológico popular" que está siendo promovido por ONGAWA en Nicaragua.

Es hora de romper los tabúes y promover soluciones para evitar que millones de personas tengan que defecar al aire libre, para evitar vidas rodeadas de excrementos y basura. Porque sí es posible el saneamiento universal.

Araceli Lozano es ingeniero técnico de obras públicas y voluntaria del grupo de agua en ONGAWA, Ingeniería para el Desarrollo Humano.

Alejandro Jiménez es doctor ingeniero de caminos, canales y puertos, y coordinador de Agua y Saneamiento en ONGAWA, Ingeniería para el Desarrollo Humano.

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