Actualizado 30/10/2009 14:36 CET

La cremación humana también emite CO2, como los coches, pero a niveles poco contaminantes, según experto

Recomienda no esparcir las cenizas porque, aunque en pequeña cantidad, contienen fosfato de calcio y trazas de elementos pesados

MADRID, 30 Oct. (EUROPA PRESS) -

La cremación humana, un rito funerario escogido para el 30 por ciento de los fallecimiento y que va en aumento en España, emite los mismos gases de efecto invernadero (GEI) generadores del cambio climático que los tubos de escape de los vehículos, aunque a unos niveles no contaminantes, según explicó a Europa Press el investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) José Luis García Fierro, con motivo de la celebración del Día de Todos los Santos el próximo domingo.

Este experto, ingeniero químico del Instituto de Catálisis y Petroleoquímica del CSIC, precisó que por cada kilogramo de materia humana se emiten a la atmósfera, 'grosso modo', unos 4,5 kilogramos de dióxido de carbono (CO2), teniendo en cuenta la suma del carbono y el oxígeno con las emisiones que implica poner un horno crematorio por encima de los 800 grados centígrados.

Concretamente, señaló que el tipo de GEI que emiten tanto la cremación como los tubos de escape: son óxidos de azufre, óxidos de nitrógeno y monóxido de carbono y que los máximos permitidos para el primero son 50 miligramos por metro cúbico, 50 miligramos para el monóxido de carbono y hasta 200 miligramos por metro cúbico para el óxido de nitrógeno. Este último, es un compuesto que "colorea la atmósfera y que genera la típica neblina rojiza de las ciudades" que está originada principalmente por el tráfico rodado, pero, a su medida, también por estos hornos crematorios, que utilizan gas natural para llegar a la temperatura necesaria.

REGULADOS PARA NO CONTAMINAR

Según el investigador, los hornos crematorios e incineradoras están regulados por una Directiva Marco de la Unión Europea y por el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino de forma "muy exigente" y "muy detallada" para que las emisiones de los gases contaminantes que generan "sean mínimas".

García Fierro indicó que, de acuerdo a esta legislación comunitaria, en un horno crematorio los gases de combustión se deben mantener en una cámara térmica durante unos dos segundos a una temperatura de 850 grados centígrados con aire que contenga al menos un 6 por ciento de oxígeno para originar "muy pocos contaminantes".

También la normativa nacional establece "límites máximos" de emisión en plantas incineradoras y en hornos crematorios cuyo procedimiento varía en el tipo del 'residuo' a incinerar. La diferencia, según explicó el investigador, es que los primeros se destinan a residuos de gran tonelaje y tamaño mientras que los segundos son más pequeños y se emplean, "normalmente" para seres humanos.

Asimismo, la ley para hornos crematorios exige no sobrepasar por horno y día los 10 miligramos por metro cúbico de aire de partículas sólidas en suspensión, los 10 miligramos por metro cúbicos de hidrocarburos, ni los 10 miligramos por metro cúbico de compuestos clorados, sobre todo de ácido clorhídrico. A su juicio, "estos límites son bajísimos porque se trata de sustancias nocivas para la salud que conviene regular".

"Si se emiten cantidades mayores a esas concentraciones claro que podría ser perjudicial para la salud. Es muy poco, pero son sustancias que son nocivas para la salud, por lo que conviene regularlas y mantenerlas en límites bajos", apostilló.

Por eso, en su opinión, sería "excesivo" decir que la cremación humana contribuye al cambio climático, porque si se compara con las emisiones de combustibles fósiles del tráfico de vehículos, aviones o barcos, de las centrales térmicas o de carbón, las cantidades son "mínimas".

Por otro lado, sobre las cenizas resultantes, precisó que contienen fosfato de calcio de los huesos, óxidos de hierro, cantidades de materiales inorgánicos pequeños y también trazas de elementos pesados. "Yo diría que no tienen ningún riesgo, pero lo mejor es conservar a los seres queridos en una 'cajita', aunque el residuo contiene, sobre todo sales inorgánicas, que no podemos decir que contamine", recomendó.

Según datos de la Asociación Nacional de Servicios Funerarios (PANASEF), en 2008 fallecieron en España 385.954 personas, un 0,39 por ciento más que en el año anterior. De éstas, casi el 30 por ciento fueron incineradas en los más de 180 crematorios distribuidos por todo el país, llegando incluso al 50 por ciento en las ciudades. Además, la organización apunta que, debido a la crisis económica, la demanda de este servicio funerario ha aumentado respecto al enterramiento tradicional en sepultura o nicho debido a que su coste es menor.