Barp (nombre ficiticio) estudia castellano en el centro de atención humanitaria de Sevilla en el que se encuentra acogido. - CEAR
PALMA, 4 Oct. (EUROPA PRESS) -
Un joven llegado en patera a Baleares estuvo cerca de dos meses en coma debido tras una travesía marítima que se prolongó durante semanas y ahora está intentando demostrar que es menor de edad para salir del "limbo total" en el que se encuentra.
De forma paralela, lleva medio año trabajando junto a médicos y trabajadores sociales de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) para tratar de reconstruir las piezas de una memoria que quedó gravemente afectada por el daño cerebral que sufrió.
Barp, un seudónimo para proteger su identidad, atiende por videoconferencia a Europa Press desde un centro de atención humanitaria de Sevilla, donde fue derivado cuando la administración le consideró mayor de edad.
Lo hace acompañado de la técnica de integración social Violeta Parladé y de la técnica de acogida Reyes Méndez, quienes han estado acompañando al chico, que según su partida de nacimiento tiene 16 años, desde su llegada a la capital andaluza.
"Llegó en una situación muy compleja a nivel físico, psicológico y cognitivo", explica Parladé. "Nunca habíamos visto un caso tan vulnerable", añade su compañera.
Con mucho trabajo personal y colectivo, el joven que antes no era capaz de mirar a los ojos a sus interlocutores ahora se plantea participar en una actividad teatral. Su evolución está siendo "increíble", coinciden en señalar las técnicas, pero llegar hasta aquí no ha sido fácil.
DE GUINEA A SEVILLA PASANDO POR EIVISSA
Para intentar esquivar los agujeros de su maltrecha memoria, que ha ido recuperando en los últimos meses, Barp cuenta con apoyo a la hora de contar su historia: el intérprete Mohamed Bah, que traduce del susu al castellano, y las técnicas Méndez y Parladé.
Nació en Souguéta, una localidad al oeste de Guinea-Conakri no muy lejos de la frontera con Sierra Leona. Tenía 12 años cuando murió uno de los familiares con los que se crió y un hermano que vivía en Argelia le propuso que se fuera con él. Sin avisar a su madre y sin un objetivo claro, aceptó.
"Fue un sufrimiento llegar a Argelia, tardamos mucho. La policía controla la carretera y te pide dinero. Cuando llegamos a Mali, una mafia nos ayudó a pasar. Íbamos cambiando de coche, pero a veces teníamos que caminar por el desierto", dice Barp.
En Argelia trabajó para reunir algo de dinero y finalmente se embarcó rumbo a Baleares. "Había mucha gente en la patera y me asusté", explica el joven, quien asegura que se quedaron sin gasolina, agua y comida.
También recuerda mucha gente bebiendo del mar y "dos muertos", pero poco más. Cuando el 4 de mayo de 2025 fueron rescatados, él ya estaba inconsciente y fue llevado directamente al hospital. Tras 15 días a la deriva, se convirtió en uno de los 7.321 migrantes arribados durante ese año al archipiélago.
Pasó unos dos meses en el Hospital Son Espases, la mayor parte del tiempo en coma por una hipernatremia grave, un fallo renal y una encefalopatía multifactorial. En Sant Joan de Déu pasó dos meses más recuperándose de las secuelas cerebrales, según consta en el último informe anual de CEAR, que recoge parte de la historia.
Fue en una de esas salas de hospital donde se dio cuenta de que había llegado con vida. "Cuando me desperté vi a una mujer que estaba cerca de mí. Pensaba que estaba solo, pero estaba esa mujer", rememora Barp, quien por aquel entonces tenía 15 años y había invertido los últimos tres en un largo viaje. Esa mujer, apostillan las técnicas, estaba cuidando a su marido, también ingresado.
No fue la única que se interesó por el estado de un chico del que al principio ni siquiera conocían el nombre. "Otra logró encontrar a su hermano a través de una página de Facebook en la que se decía que había fallecido y finalmente pudo hablar con él y con su madre", indica Méndez.
UNOS DÍAS EN UN CENTRO DE MENORES
Cuando recibió el alta médica lo trasladaron a un centro de menores bajo la tutela del Consell d'Eivissa. Los médicos que le atendieron habían estimado que tenía 14 años, pero como no tenía documentación fue sometido a una radiografía de muñeca para intentar precisar su edad.
Apenas pasó unos días tutelado, pues el 23 de septiembre la Fiscalía decretó que era un adulto. "Algunas veces se especifica la edad, pero en su caso solo pone que es mayor", señala la técnica de acogida.
Aunque en ningún momento explicó que era menor, cuando le dijeron que tenía que irse del centro se asustó. Las trabajadoras de CEAR, tras meses abordando estas cuestiones con el joven, aportan contexto: en ese momento "prácticamente ni hablaba" y, aunque sabía que era menor, no podía certificarlo.
Todo esto sucedió en medio del debate político acerca de la necesidad de promover la realización de ortopantomografías, una radiografía dental supuestamente más fiable a la hora de determinar la edad. Entre diciembre de 2024 y el pasado octubre se realizaron 209, de las cuales 87 determinaron que los migrantes eran menores y 122 que eran mayores. Según la documentación recabada por CEAR, a Barp no se le realizó esta prueba.
En cualquier caso, su delicado estado de salud hizo que fuera derivado a un centro de acogida humanitaria especializado en perfiles vulnerables, aunque para adultos. Cuando le subieron al avión pensó que le iban a devolver a su país, pero ahora dice sentirse "como en casa".
"Quiero estudiar para hablar bien en español, respetar las normas, trabajar y quedarme en Sevilla. Aquí me han tratado muy bien", explica Barp. Según las técnicas, es un alumno aplicado al que "dos clases a la semana le parecen pocas" y se está planteando participar en una actividad teatral.
UN ESFUERZO CON FINAL INCIERTO
Si ahora es un joven con planes de futuro es, en parte, gracias a que las trabajadoras sociales encontraron la forma de lidiar con un caso de una complejidad con la que no se habían topado hasta entonces. Lo principal, explican, fue que se sintiera seguro después de haber "visto cosas que un niño no debería ver" y que le llevaron a "sentir mucha desconfianza hacia todo el mundo".
"Ha tenido una reacción y una evolución increíble, ha sido absolutamente inesperado", celebra Parladé. "Llegó en octubre y no hemos empezado a hablar de su historia hasta marzo porque no estaba preparado, ya hemos profundizado en cuestiones más dolorosas", agrega Méndez.
Ese trabajo psicosocial discurre en paralelo al que el equipo jurídico de CEAR está realizando para tratar de demostrar a la administración que se equivocó cuando decretó que Barp es mayor de edad. Con la ayuda de sus familiares consiguieron dos partidas de nacimiento que demuestran que tiene 16 años y lograron que el consulado guineano le expidiera un pasaporte.
A partir de estos documentos y de los resultados de la prueba dental que le practicaron recientemente en Sevilla, esperan que se pueda revocar el decreto de mayoría de edad. Eso, sostienen las técnicas, le facilitaría regularizar su situación, algo que no pudo hacer durante el proceso extraordinario por encontrarse en el "limbo total".
El "sinsentido" administrativo hizo que ni siquiera pudiera presentar los papeles: aunque el Estado le considera mayor de edad, por lo que podría haberse acogido a la medida, su pasaporte dice que es menor y, por lo tanto, quedó excluido.
A la espera de una decisión que marcará el futuro del joven, han decidido prepararse para "todos los escenarios posibles". El menos favorable sería que la administración desestimara la revisión del decreto de mayoría de edad, aunque todavía quedaría por resolver su solicitud de protección internacional.
"Peor de lo que ya ha vivido no hay ningún escenario. Vamos a intentar que cuando salga del centro pueda tener una vida digna e independiente", sentencia Méndez. La última visita al neurólogo, de esta misma semana, ha sido positiva.