Keita y Cissé se enfrentan este domingo por la Presidencia de Malí con el reto de estabilizar el país

El presidente de Malí, Ibrahim Boubacar Keita
REUTERS / LUC GNAGO 
Actualizado 11/08/2018 9:12:20 CET

Los malienses esperan desde hace tres años que la paz sea una realidad para poner el foco en los asuntos cotidianos

MADRID, 11 Ago. (EUROPA PRESS) -

Malí celebra este domingo la segunda vuelta de unas elecciones presidenciales en la que se enfrentarán el actual mandatario, Ibrahim Boubacar Keita y el candidato opositor, Soumalia Cissé, en un déjà vu de los comicios de hace cinco años. Desde entonces, tanto la escena política como de seguridad es la misma, a pesar del acuerdo de paz firmado en 2015, cuya verdadera aplicación será el principal desafío de quien se proclame vencedor este 12 de agosto.

Keita, conocido popularmente como IBK, ganó la primera vuelta del 29 de julio con un 41 por ciento de los votos, una cifra insuficiente para conseguir la reelección de forma automática, para lo cual habría necesitado sumar al menos el 50 por ciento de las papeletas más una.

Cissé, abanderado de la Unión por la República y la Democracia (URD), quedó segundo con un 17 por ciento de los sufragios, dejando atrás a los otros 22 candidatos, un resultado ampliamente pronosticado por los sondeos, cuya única duda era si habría segunda vuelta.

Keita y Cissé ya midieron sus fuerzas en las elecciones presidenciales de 2013. Entonces, el ahora mandatario barrió al jefe de la URD con un 78 frente a un 22 por ciento. Esta vez se espera que la pugna sea más reñida, aunque el candidato oficialista partiría con ventaja, a juzgar por las encuestas.

Ni Cissé ni los aspirantes que quedaron descartados consideran fiables los resultados oficiales. La campaña de la URD ha denunciado que en un pueblo de tan solo 150 habitantes votaron 3.000 personas, mientras que en Kayes varios residentes aseguran que los mismos que hicieron cola para votar luego la hicieron para recibir fertilizante y en el norte, convulsionado por la violencia, denuncian que el partido gobernante se valió de las milicias para ganar.

Cissé y los también opositores Aliou Diallo y Cheick Modibo Diarra presentaron sendos recursos ante el Tribunal Constitucional para invalidar la primera vuelta, pero la sede jurisdiccional se pronunció el pasado miércoles validando los resultados difundidos por la Comisión Electoral y despejando el camino hacia la segunda vuelta, que hasta entonces estaba en el aire.

El candidato opositor pensaba contar los apoyos de Diallo, que quedó tercero (8 por ciento) y Diarra, en cuarto lugar (7 por ciento). Sin embargo, los dos se han descartado esta misma semana dando libertad de voto a sus seguidores. "Ni Keita ni Cissé se corresponden con nuestro ideal político. No apoyaré a uno ni a otro", dijo el ex primer ministro desde Bamako.

Cissé solo cuenta, por tanto, con los apoyos que sumó para la primera vuelta. Entre ellos, destaca el activista Mohamed Yousouf Bathily, alias 'Ras Bath', que el año pasado consiguió movilizar a miles de jóvenes en manifestaciones contra la Administración de Keita.

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TURBULENCIAS ELECTORALES

Otra de las razones que han llevado a la oposición a cuestionar las cifras oficiales es la violencia que ha salpicado el camino hasta estos comicios, especialmente en el norte y en el centro del territorio maliense, donde Cissé posee uno de sus principales bastiones.

Más de ocho millones de personas estaban registradas para votar en estas elecciones presidenciales, dos millones más que hace cinco años. A pesar de que este aumento en el número de electores haría pensar en una mayor participación, no ha sido así. Según los datos confirmados por el Tribunal Constitucional, fue del 42 por ciento, cuatro puntos menos que en 2013.

El Gobierno ha reconocido que durante la jornada electoral 871 centros de votación --el 4 por ciento del total-- no pudieron abrir sus puertas por ataques armados. Ese día, el 20 por ciento de los colegios electorales se vieron afectados por la violencia. Unas 250.000 personas no pudieron votar. Hasta unas instalaciones de la ONU fueron atacadas.

Además, el pasado 22 de julio el convoy en el que viajaba Diallo, entonces candidato, sufrió una emboscada yihadista en el bosque de Soumouni, en el centro de la nación africana. Su vehículo fue tiroteado a la altura de la localidad de Nara pero logró salir ileso. Un soldado y once milicianos murieron.

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UNA SALIDA A LA VIOLENCIA

Malí intenta reponerse todavía de la revuelta tuareg que en 2012 sacudió la región del Azawad, integrada por Tombuctú, Kidal y Gao. Esta minoría tomó las armas contra el Gobierno de Amadou Toumani Touré en una más de las muchas rebeliones para denunciar el olvido de la administración central.

Los islamistas de Ansar Dine, vinculados a Al Qaeda, secuestraron la sublevación tuareg tomando el control de esta vasta zona del norte de Malí. Desde ahí, lograron avanzar hacia el centro, con Bamako, la capital, como objetivo, lo que obligó al Gobierno a pedir auxilio a la antigua metrópoli, que respondió enviando a miles de militares franceses.

Los efectivos franceses, apoyados posteriormente por una misión especial de Naciones Unidas, la MINUSMA, consiguieron repeler la amenaza yihadista de Bamako en una campaña no exenta de atentados que en 2015 finalmente propició la firma de un acuerdo de paz en Argelia.

Pese a ello, la inestabilidad persiste y se ha extendido hacia el sur por la presencia de milicias de corte yihadista como el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes, también vinculado a Al Qaeda, así como por la violencia intercomunitaria, sobre todo entre los peul y los dogon.

El Ejército, por su parte, ha sido ampliamente señalado por organizaciones de defensa de los Derechos Humanos por los abusos cometidos contra la población civil en el marco de la lucha antiterrorista, incluidas ejecuciones extrajudiciales.

En este contexto, la comunidad internacional confía en que los comicios de este domingo sirvan para pacificar Malí de una vez por todas. Para ello, hace cuatro años se creó una fuerza regional, el G5 Sahel, que persigue estabilizar una zona propicia para todo tipo de actividades terroristas y criminales.

Hasta conquistar este difícil objetivo, parece que el capítulo de la prosperidad social ha quedado aparcado. Malí ocupa el puesto 175 de 187 en el índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas. Cissé ha prometido centrar su atención en los malienses, algo que Keita ha desatendido.

El 'think tank' African Arguments advierte, sin embargo, de que con los mismos políticos, ya sea Keita o Cissé, que lleva décadas en el oficio, solo cabe esperar "otros cinco años de las mismas políticas orientadas a una élite de la que la mayoría de ciudadanos se siente alejada".