Terapia en el valle de la Beká para aliviar la carga psicológica de los refugiados sirios

La refugiada siria Hana al Alí
REUTERS / AZIZ TAHER
Publicado 12/10/2018 12:27:04CET

VALLE DE LA BEKÁ (LÍBANO), 12 Oct. (Reuters/EP) -

El valle de la Beká, en Líbano, se ha convertido en hogar improvisado de muchos de los sirios que han cruzado la frontera para escapar de la guerra. Algunos llevan allí casi desde el principio del conflicto armado, a punto de cumplir su octavo aniversario. Es una situación "asfixiante" que, superando los tabú, han empezado a combatir con terapia.

Hana al Alí huyó de Siria cuando estaba embarazada de su segundo hijo. En 2012, dejó atrás su antigua vida en Raqqa para echar raíces en el valle de la Beká, al lado de la montañosa frontera. Desde entonces, vive allí con su marido y sus tres hijos.

Más de un millón de sirios han buscado refugio en Líbano, un país que no reconoce su estatus legal como refugiados, lo que dificulta su acceso a las ayudas y prácticamente les deja a merced del apoyo que les puedan proporcionar Naciones Unidas y otras organizaciones humanitarias.

La presión económica que la afluencia de sirios ejerce sobre la sociedad libanesa --uno de cada cuatro habitantes en este pequeño país es un refugiado-- tampoco ayuda. Según las agencias de la ONU, más de la mitad de los sirios viven en la extrema pobreza.

"Cuando vine estaba muy débil. No podía entender qué estaba pasando. Era como un sueño. De vez en cuando me preguntaba ¿cuándo despertaré?", cuenta Alí de 30 años, rodeada por sus hijos.

Ahora es consciente de que no era debilidad física. "Era falta de entendimiento. Estaba pasando por una crisis. De repente estaba aquí. Me sentí asfixiada", recuerda.

Hace dos años conoció a una psicóloga del Comité Internacional de Cruz Roja (CICR), "alguien que entendía lo que necesitaba". "Me fui sintiendo mejor poco a poco. La injusticia que estaba viviendo se convirtió en una fuente de fuerza. No me rompí", relata.

Sarah Joe Chamate, la psicóloga del CICR que ayudó a Alí, explica que la terapia es un buen remedio para el bloqueo emocional que sufren los refugiados sirios, pero muchos lo rechazan porque es un "estigma", "como en las sociedades occidentales".

"A la gente no le gusta confesar que son débiles, como si ser débil no fuera una característica del ser humano, como si todos fuéramos fuertes y capaces de soportar cualquier cosa", indica Chamate.

Alí rompió este tabú y se dedica a ayudar a otras mujeres a hacer lo mismo. "Para muchas, después de hablar con ellas, la vida con sus maridos ha mejorado. Me siento como si estuviera curando el planeta Tierra", afirma.

Chamate confirma que Alí, que trabajó como enfermera en Siria, es buena escuchando a los demás: "No necesitas ser psicóloga para ser capaz de ayudar a la gente. Es algo innato".

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