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MADRID, 29 Jun. (EDIZIONES) -
Los investigadores franceses siguen sin tener claro los motivos que llevaron a Yassin Salhi a decapitar a su jefe el viernes pasado y a continuación estrellar su coche contra la empresa Air Products en un aparente intento de suicidio, ya que aunque con su forma de actuar emuló al grupo terrorista Estado Islámico no se sabe si actuó movido por ideas yihadistas.
Tras guardar silencio durante casi 48 horas, Salhi confesó este domingo que había asesinado y decapitado a su jefe, Hervé Cornara, propietario de una empresa de transportes, con quien había mantenido una discusión dos días antes, y que había colocado su cabeza en la valla que rodeaba Air Products.
Igualmente, reconoció que hizo chocar su vehículo contra la fábrica, en cuyo interior había bombonas de gas, con la intención de hacer saltar todo por los aires. Además, Salhi, de 35 años y padre de familia, era un viejo conocido de los servicios de Inteligencia, que le estuvieron siguiendo por su radicalización, y, según los Bomberos, que fueron quienes le detuvieron tras su actuación, gritó 'Allahu akbar' (Dios es el más grande) en el momento del arresto.
Pero más allá de eso existen pocas certidumbres. Según una fuente cercana a la investigación citada por 'Le Figaro', Salhi niega "cualquier religiosidad en su paso a la acción" y habría explicado a los investigadores que lo que buscaba era un "golpe mediático" con su actuación.
La hipótesis de la venganza cobra fuerza por el testimonio de un compañero de trabajo, que ha confirmado que discutió con su jefe después de que se le cayera al suelo un palé con productos informáticos.
Además, según 'Le Monde', también habría indicado a los investigadores que el día anterior, es decir el jueves, había discutido con su mujer, quien le habría amenazado con el divorcio. Según se ha sabido, Salhi se había quejado de la poca religiosidad de su mujer.
ENVIÓ UNA 'SELFIE'
Sin embargo, lo que no parece cuadrar a los investigadores es el hecho de que el autor del ataque enviara una 'selfie' con la cabeza decapitada de su jefe a un contacto en Siria. La foto, junto a otra imagen de la cabeza decapitada, ha aparecido en su teléfono móvil y se ha averiguado que fue enviada a través de WhatsApp a Sébastien Younès V., un joven francés que desde el otoño pasado se encuentra combatiendo en Siria y al que conocía desde 2006.
Al parecer, Salhi habría dicho que es su "único amigo" y que quería dejar "un rastro de su gesto". "La cuestión es saber si Yassin Salhi ha enviado esta foto a la persona más cercana de los círculos yihadistas que conocía para poner en valor su acto criminal, o si era un paso de reivindicación reflexionado, incluso alentado desde el extranjero", ha explicado una fuente cercana a la investigación a 'Le Monde'.
Este diario resalta que el hecho de que ninguna organización terrorista conocida se haya atribuido hasta el momento la autoría del ataque viene a primar la hipótesis de un acto que no estuvo coordinado, al igual que la logística y los objetivos elegidos: un cuchillo, una pistola falsa y un vehículo, su jefe y una fábrica en la que solía repartir.
"En el estadio actual de la investigación, parece un individuo radicalizado desde larga data, en el que una repentina pulsión asesina desencadena un proceso irracional teñido de yihadismo", ha considerado un alto responsable policial. Es "como si las ganas de asesinar hubieran precedido a la intención terrorista", ha añadido.
"Se trata de un perfil híbrido, una señal débil: radicalizado pero sin ser considerado peligroso, frágil psicológicamente, que puede que se haya activado él solo", ha resumido una fuente próxima a la investigación al diario vespertino.