Actualizado 06/02/2009 17:31:19 +00:00 CET

La activista social masai Agnes Pareyio llega a Madrid para difundir el rito alternativo a la mutilación genital femenina

MADRID, 6 Feb. (EUROPA PRESS) -

Reemplazar la mutilación genital femenina por un rito de cinco días, que se celebra dos veces al año y en el que las niñas que pasan a ser mujeres reciben regalos: ésta es la idea que dará a conocer la activista social masai Agnes Pareyio, que estará en Madrid hasta el 17 de febrero para mostrar, entre conferencias y mesas redondas, las actividades que lidera en su Kenia natal, contra la mutilación femenina y los matrimonios tempranos concertados.

Pareyio fue recibida hoy por la delegada de Familia y Servicios Sociales del Ayuntamiento de Madrid, Concepción Dancausa, precisamente en el Día contra la Mutilación Genital. "He querido saludarla, decirle que está haciendo un trabajo muy importante y que esperamos seguir colaborando e, incluso, visitar el proyecto", señaló la edil, que añadió que la mutilación "no se puede considerar una tradición cultural sino una violación de muchas niñas".

Esta visita se enmarca dentro del programa municipal de sensibilización 'Mujeres que cambian el mundo', con el que se pretende potenciar a las mujeres líderes en su comunidad, en este caso, la masai. El objetivo, como detalló Dancausa, es que cada vez sean menos las niñas que son mutiladas genitalmente, ya que, en el caso de la comunidad masai, casi el 99 por ciento se encuentran bajo este riesgo.

Agnes Pareyio se encuentra a la cabeza de la labor contra la mutilación desde Narok, un distrito situado en el suroeste de Kenia. Gracias a su programa 'Rescate de la mujer', niñas y adolescentes de la región tienen la posibilidad de informarse y protegerse de estas prácticas.

Pareyio es una de las cabezas visibles de la lucha global contra la mutilación, dividida en varios tipos: la clitoridectomía (extirpación parcial o total del clítoris), la escisión (extirpación de labios mayores, inferiores y clítoris) y, la más cruenta, la infibulación (las extirpaciones anteriores más sutura).

El trauma físico, los riesgos de infecciones, como el contagio por VIH, y hasta la muerte, como ocurre en muchos partos, son algunas de las consecuencias de la mutilación, contra la que trabaja Pareyio y su equipo, que tienen que luchar además contra un componente cultural que lleva a muchas familias a repudiar a sus hijas cuando éstas se niegan a la ablación.

Hasta el 17 de febrero Agnes Pareyio estará en Madrid, junto con representantes de la ONG de Mundo Cooperante, para explicar su trabajo, en marcha desde 1999. A través de conferencias y mesas redondas contará su experiencia: cómo se negó a ser cortada después de enterarse en la escuela que otras compañeras, de tribus diferentes a la suya, no lo eran, lo que conllevó todo tipo de desprecios por su familia, desde llamarla cobarde por no seguir las tradiciones hasta decir que su única opción posible era entonces la prostitución.

Ella es el mejor ejemplo de superación. Con cuatro hijos --tres varones y una chica-- es el referente para toda una generación que puede comprobar que una mujer no tiene que ser mutilada para poder casarse, como establece el rito.

Pareyio confirmó que se ha avanzado en su país en esta cuestión, con una ley de protección a la infancia que, aunque es claramente incumplida en muchas aldeas, establece penas de un año de cárcel o el pago de lo que serían al cambio unos 500 euros. Sin embargo, esta normativa ha trasladado el problema a aquellas edades en las que la ley no es aplicable, esto es, por encima de los 18 años.

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