El molino de Morata de Tajuña que dio luz a todo un pueblo y hoy es un museo que mantiene viva la memoria del oficio

Victoriano Loriente, hijo del antiguo molinero, recuerda la labor de la molienda del cereal

Victoriano Loriente recuerda los secretos de un oficio que aprendió de su padre en el Molino de la Huerta de Angulo, en Morata de Tajuña
Victoriano Loriente recuerda los secretos de un oficio que aprendió de su padre en el Molino de la Huerta de Angulo, en Morata de Tajuña - EUROPA PRESS
Europa Press Madrid
Actualizado: sábado, 7 noviembre 2026 12:23

MADRID, 7 Nov. (EUROPA PRESS) -

Más de dos siglos después de su construcción, el agua del río Tajuña sigue moviendo las piedras del Molino de la Huerta de Angulo, en Morata de Tajuña, una instalación que durante generaciones transformó el trigo en harina y que llegó a suministrar electricidad a los hogares de este municipio y de la vecina Valdelaguna.

Este antiguo molino harinero alberga actualmente el Museo de la Molinería, un espacio que permite descubrir cómo se aprovechaba la fuerza del agua antes de la llegada de la maquinaria industrial moderna. Es, según el Ayuntamiento, el único molino de estas características que se conserva en funcionamiento en la Comunidad de Madrid.

Pero detrás de sus piedras, engranajes y compuertas también se esconde la historia de las familias que trabajaron durante generaciones en estas instalaciones. Una de ellas es la de Victoriano Loriente, hijo de un antiguo molinero que pasó parte de su infancia en este edificio y que todavía recuerda el funcionamiento de cada uno de sus mecanismos.

"Yo como mi padre lo explicaba todo, pues aprendí el oficio. Yo conozco todos los rincones de aquí de este molino", ha relatado durante una visita del programa 'Historias con Vida', a la que ha asistido Europa Press, con el que la Comunidad de Madrid busca recuperar el patrimonio y las tradiciones de los pueblos a través de los recuerdos de sus vecinos mayores.

Victoriano vivió durante aproximadamente diez años en el molino, donde su padre continuó el trabajo que anteriormente había desempeñado su abuelo. Con apenas 13 o 14 años ya ayudaba en las tareas de molienda.

EL AGUA DEL TAJUÑA, MOTOR DEL MOLINO

El Molino de la Huerta de Angulo forma parte de la antigua red de molinos hidráulicos que durante siglos aprovecharon el caudal del Tajuña para abastecer de harina a los pueblos de la comarca de Las Vegas.

Aunque el edificio actual data de principios del siglo XVIII, se considera posible que existiera una construcción anterior. A lo largo de su historia recibió también los nombres de Molino de Abajo y Molino de la Huerta de la Vega, y estuvo vinculado a distintos propietarios.

Su funcionamiento se basa en un mecanismo aparentemente sencillo: utilizar la fuerza de una corriente de agua para mover dos grandes piedras circulares capaces de triturar el cereal.

Para conseguirlo, parte del agua del Tajuña se desvía por un canal artificial, denominado caz, que la conduce hasta el edificio y permite crear un salto de aproximadamente dos metros y medio.

Durante la visita, Victoriano señala hacia el exterior para explicar que el cauce principal del río discurre a cierta distancia y que el ramal fue construido precisamente para controlar la fuerza necesaria para la molienda.

Cuando se abre la compuerta, el agua entra en la parte inferior de la instalación y golpea las paletas de una rueda horizontal conocida como rodezno. Esta transmite el movimiento a través de un eje vertical hasta la piedra superior, la volandera, que gira sobre otra fija, la solera.

Entre ambas se introduce el cereal, que va triturándose hasta convertirse en harina. El molinero podía regular tanto la entrada de agua como la separación de las piedras para controlar la velocidad y el grosor de la molienda.

LA DUREZA DEL OFICIO

Daurante la visita, Victoriano explica las diferencias entre los materiales utilizados para elaborarlas. Las piedras tradicionales de tipo berroqueño fueron dando paso a otras de pedernal, más resistentes al desgaste y que permitían conseguir una harina de mayor calidad al desprender menos partículas durante el proceso.

Sus superficies tenían unas incisiones radiales, denominadas rayones. "Cuando picaban con las picas, no saltaba la piedra, saltaban los trozos de acero", recuerda Victoriano, que explica cómo su padre llegó a conservar pequeños fragmentos metálicos incrustados como consecuencia de aquel trabajo.

Las explicaciones técnicas se mezclan con otras anécdotas como las ocasiones en las que los molineros aprovechaban el control de las compuertas para pescar en los canales cuando el hambre apretaba.

DE MOLER TRIGO A PRODUCIR ELECTRICIDAD

La historia del Molino de la Huerta de Angulo refleja también la transformación tecnológica que experimentó el medio rural madrileño entre los siglos XIX y XX.

En 1888, el edificio fue reformado por Diego María Jarava para mejorar sus prestaciones. Posteriormente, a comienzos del siglo XX, la familia Mac-Crohon impulsó una nueva transformación mediante la instalación de una turbina que permitió aprovechar la fuerza del agua no solo para mover las piedras, sino también para producir electricidad.

Aquella infraestructura llegó a abastecer de energía eléctrica a Morata de Tajuña y Valdelaguna, convirtiendo el antiguo molino en parte del sistema de suministro de dos municipios.

La instalación también contaba con una máquina de vapor alimentada por una caldera de carbón que servía de apoyo cuando el caudal del Tajuña resultaba insuficiente. De aquella etapa permanece la característica chimenea de ladrillo que todavía forma parte del edificio.

En el interior del museo se conserva una turbina hidráulica de unos 15 caballos de potencia y distintos engranajes que permitían transmitir el movimiento a las piedras de molienda y a otros mecanismos.

Victoriano señala durante el recorrido las piezas que todavía permanecen expuestas y explica cómo podían engranarse o desengranarse las máquinas según las necesidades del trabajo. La modernización también incorporó mecanismos destinados a limpiar el trigo, elevar el grano y separar la harina del salvado.

Entre las piezas conservadas se encuentran cilindros para eliminar impurezas, cernedores que permitían tamizar el producto y componentes de los antiguos sistemas de transmisión. Fotografías antiguas, planos y paneles explicativos completan el recorrido.

UN OFICIO QUE SOBREVIVE EN LA MEMORIA

Con la llegada de las fábricas harineras modernas y los nuevos sistemas de producción, los molinos tradicionales fueron perdiendo su importancia económica.

El de la Huerta de Angulo terminó abandonando su actividad productiva y sufrió un progresivo deterioro hasta que el Ayuntamiento de Morata de Tajuña adquirió el edificio en 1998 con el objetivo de recuperar uno de los principales testimonios del pasado industrial del municipio.

Tras diferentes intervenciones, el complejo reabrió como centro de interpretación de los molinos del Tajuña en 2016, recuperando su maquinaria y ofreciendo visitas para explicar cómo funcionaban estos antiguos ingenios hidráulicos.

Actualmente, el museo permite contemplar tanto el funcionamiento del molino tradicional como la evolución hacia una pequeña industria mecanizada que llegó a producir electricidad.

El Museo de la Molinería será precisamente uno de los espacios incluidos en la ruta del programa 'Historias con Vida' prevista para el próximo 14 de noviembre en Morata de Tajuña, donde Ermelinda Roldán ejercerá de anfitriona en un recorrido que también incluirá la parroquia de Nuestra Señora de la Concepción y el Museo de la Guerra Civil y Posguerra.

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