MADRID 15 May. (EUROPA PRESS) -
El refrán que dice que 'San Isidro Labrador, quita el agua y pone el sol' no se ha cumplido este año: en una primavera fría y cargada de nubes, el patrón de la capital no intercedió con los elementos para animar a más chulapos a pasear su deje castizo por la tradicional pradera, que este año se vio más vacía que de costumbre.
Aunque fueron muchos, miles, los madrileños que no dudaron en acercarse al corazón verde de Carabanchel disfrutar de sus mejores galas, guardadas en un rincón del armario hasta este 15 de mayo. Claveles reventones, parpusas, mantones, barquillos y, por supuesto, mucho chotis tomaron Carabanchel para demostrar el respeto de los madrileños por el patrón de la ciudad.
En un año marcado por el centenario de la Gran Vía, donde la principal arteria del centro de Madrid se convierte en protagonista de multitud de actividades, la tradicional pradera de San Isidro sigue conservando su encanto al ser "cuna del requiebro y del chotis", como diría la inmortal creación de Agustín Lara.
Precisamente la autoría de la composición por parte del mexicano fue objeto de numerosos dimes y diretes meses atrás, una incertidumbre que finalmente quedó zanjada poniendo la vista en el presente: hasta Ariel Roth y 'The Cabriolets', con Bimba Bosé al frente, se atrevieron con un chotis versión 2.0.
Con la música de los organillos y los chotis como banda sonora, la Pradera se llenó un año más de madrileños con ganas de demostrar las razones por las que los 'gatos' son los más chulos del lugar. Piropos de lo más castizo, con una entonación que sólo alguien nacido en Chamberí puede imitar, goyescas, chulapos, desde los más mayores hasta los más jóvenes se dieron cita, un año más, en Carabanchel.
Quienes hicieron de nuevo su particular agosto en plena primavera fueron los vendedores de las tradicionales rosquillas. Y es que un día de San Isidro no es tal si no se visita la pradera y se lleva a casa unas cuantas, tanto de las tontas como de las listas. La 'operación bikini' se olvidó durante un rato por los madrileños, que se entregaron a estos dulces abriendo, eso sí, el estómago a otra especialidad de las fiestas del santón, los entresijos y las gallinejas. Desde primera hora eran muchos los que no dudaron en hincarle el diente a alguno de ellos.
E igual que San Isidro no es tal sin el chotis y las rosquillas, tampoco lo es sin las tradicionales protestas. Esta vez le tocó el turno a los jardineros que trabajan para las contratas del Ayuntamiento y a los sindicatos policiales, reclamando en los dos casos mejoras en sus condiciones laborales. Pero finalmente ambos colectivos se dieron 'con un canto en los dientes' porque el esperado Alberto Ruiz-Gallardón, objeto de sus protestas, adelantó su agenda y pasó por la pradera una hora antes de lo previsto.
El sol que poco a poco se va abriendo paso entre las nubes seguro que llevará a más chulapos a la pradera, situada en la zona donde estaba la huerta en la que el patrón de los madrileños trabajaba de peón en la Edad Media. Este lugar se ha convertido casi en paso obligado de todo chulapo que se precie, una tradición que no parece desfallecer con el paso del tiempo. De hecho se puede comparar el pasado y el presente con sólo echar un vistazo a uno de los cuadros más conocidos de Goya, 'La pradera de San Isidro.