BRUSELAS 22 Oct. (EUROPA PRESS) -
El Parlamento Europeo apoyó el proceso de paz en Irlanda del Norte en tres ocasiones, la primera de ellas el 27 de septiembre de 1994, tres años y siete meses antes de que se firmara en el castillo de Stormont (Belfast), el llamado Acuerdo de Viernes Santo, sellado el 10 de abril de 1998 por los Gobiernos británico e irlandés y los partidos políticos de Reino Unido y de Irlanda abriendo así la vía de la negociación.
La primera vez que la Eurocámara se pronunció sobre el tema, en el año 94, fue para apoyar al presidente de la delegación socialista en el Parlamento, el alemán Klaus Hänsch, y solicitar a la UE aumentar la ayuda comunitaria para "responder rápidamente" en un periodo que se calificaba de "vital". El Ejército Republicano Irlandés (IRA), había decretado el 31 de agosto de ese mismo año su primera tregua y anunciado un alto el fuego.
Así pues, desde Estrasburgo se pedía a todas las organizaciones paramilitares demostrar su compromiso "total y absoluto" con el proceso de paz y expresaba su confianza en un "diálogo político" cuyo objetivo fuera un acuerdo sobre todas las relaciones que habían definido ambos Gobiernos. La Eurocámara requería en este sentido a todas las "tendencias tradicionales" apoyar a los dos Ejecutivos.
El 6 de junio de 1995 la Cámara aprobaba una nueva resolución sobre el programa de apoyo especial para la paz y la reconciliación en Irlanda del Norte y en los condados fronterizos de Irlanda, el denominado Programa Peace dotado con casi 900 millones de euros. Como rama de la autoridad presupuestaria, el Parlamento mostraba su disposición a estudiar el aumento de la dotación financiera de este programa, revisando para ello las perspectivas financieras del periodo presupuestario en curso.
El texto, considerablemente más largo que el de 1994, acogía con satisfacción la rápida respuesta de la Comisión al cese de la violencia en Irlanda del Norte y la decisión del Consejo Europeo de Essen (Alemania) de apoyar una "Iniciativa comunitaria especial" con vistas a facilitar el establecimiento de una paz duradera.
Alentado por la propuesta de desarrollar y redefinir las políticas de la Unión Europea para ayudar a la regeneración de las comunidades más afectadas por el conflicto, el Parlamento apoyaba el fomento del crecimiento y el empleo, la inserción social, la regeneración rural y urbana, la cooperación transfronteriza y el desarrollo industrial.
Saludaba, igualmente, las consultas con las autoridades locales, el sector empresarial, los sindicatos, grupos de voluntarios y otros, y confíaba en que estas consultas se convirtieran en una característica duradera de la Iniciativa comunitaria. También insistía la resolución de junio del 95 en la necesidad de poner claramente de manifiesto el carácter "especial y diferenciado del programa", y, en particular, de mantener el "principio de adicionalidad".
Los eurodiputados reconocían las ventajas de la cooperación entre la UE y otras organizaciones implicadas en iniciativas complementarias en Irlanda y pedían al Ejecutivo comunitario y a la UE garantizar la rápida aplicación de los programas comunitarios en vigor. Además, subrayaba la necesidad de coordinar esta Iniciativa con otras medidas estructurales cofinanciadas por la Unión en la zona.
En esta línea, quería que Bruselas proporcionara ayuda técnica a las comunidades y organizaciones en la preparación de proyectos; apoyaba que el programa beneficiara a todas las comunidades, en el interior de Irlanda del Norte y entre Irlanda del Norte y los condados fronterizos, "de forma equitativa y equilibrada", y se concentrara en las zonas y los sectores de población menos favorecidos.
Subrayaba, en definitiva, el respeto a unas condiciones de empleo justas y el principio de igualdad de oportunidades en la planificación y aplicación de la Iniciativa y proponía que todos los proyectos de ayuda promovieran una mayor toma de conciencia acerca de la necesidad de preservar el medio ambiente tanto natural como urbano.
OPORTUNIDAD HISTORICA
Por último, el 30 de abril de 1998, a la luz del Acuerdo firmado en Belfast veinte días antes, el Parlamento Europeo consideraba que el pacto ofrecía una "auténtica oportunidad histórica para un nuevo comienzo" y reconocía la contribución de los actuales y de los anteriores Gobiernos irlandeses y del Reino Unido, así como el positivo apoyo prestado hasta la fecha por la Unión Europea al proceso de paz.
De igual forma, resaltaba el total compromiso con la utilización de "medios exclusivamente democráticos y pacíficos para resolver las diferencias sobre cuestiones políticas y de oponerse a la utilización o la amenaza de la fuerza para cualquier objetivo", y se felicitaba del compromiso de los firmantes con los principios de "cooperación, consenso, igualdad y respeto mutuo".