Primer Consejo de Ministros del Nuevo Gobierno el 9 de julio de 1976, presidido por el Rey Juan Carlos, a su derecha el presidente del Gobierno Adolfo Suárez. - EUROPA PRESS
MADRID, 27 Jun. (EUROPA PRESS) -
La designación de Adolfo Suárez como presidente del Gobierno el 3 de julio de 1976 fue toda una sorpresa y una de las decisiones más criticadas de Juan Carlos I en la época. Pero el hoy rey emérito sostiene que era la persona adecuada para ocupar ese cargo en aquel momento preciso, puesto que "encarnaba la reforma sin ruptura" que el entonces Rey quería para España.
Así lo explica el monarca durante casi cinco décadas en su memorias, 'Reconciliación', en las que narra con detalle este momento de su reinado y la Transición que vino después y de la que Adolfo Suárez fue uno de los actores destacados.
En el libro, Juan Carlos I reconoce que el proceso de relevo en la jefatura del Gobierno, que ostentaba Carlos Arias Navarro, se había venido fraguando desde hacía un tiempo y se desencadenó a la vuelta de su histórico primer viaje oficial a Estados Unidos, en el que en el Congreso pronunció por primera vez la palabra "democracia".
"Regresé a España fortalecido en mi determinación de pasar a la siguiente etapa", confiesa. Según relata Juan Carlos I, hacía ya tiempo que había hablado con Suárez, a quien "había insinuado que debía estar dispuesto a asumir responsabilidades, aunque nada estaba asegurado".
"Le susurré discretamente: 'El pan está en el horno'. Unos meses más tarde me preguntó: '¿Ya se ha cocido el pan'. Le respondí: 'Todavía no, aún no está cocido'. Hablábamos así, nunca le dije nada explícito, hasta que un día le llamé y le anuncié: 'El pan ya está cocido, te voy a nombrar presidente del Gobierno", explica el entonces monarca.
INCLUSIÓN EN LA 'TERNA'
Para que ello fuera posible, Don Juan Carlos había contado con la inestimable ayuda de Torcuato Fernández-Miranda, presidente del Consejo del Reino, quien "con habilidad y perseverancia" consiguió incluir en la 'terna' de tres candidatos "al hombre al que yo secretamente quería nombrar presidente del Gobierno" después de tres votaciones.
"Estoy en condiciones de ofrecerle lo que me ha pedido, majestad", cuenta Juan Carlos I que le dijo Fernández-Miranda, quien coincidía con él en que Suárez era la persona adecuada.
En concreto, el Consejo del Reino propuso al "democristiano Federico Silva Muñoz, exministro de Obras Públicas; el tecnócrata Gregorio López-Bravo, exministro de Industria y luego de Asuntos Exteriores, y Adolfo Suárez, un joven desconocido, sin experiencia, el menos votado de los tres". "¡Les estaba preparando una bonita sorpresa a los españoles", bromea el entonces Rey.
PRODUCTO DEL FRANQUISMO PERO CON ANSIAS DE CAMBIO
Pero, "¿por qué estaba tan seguro de que Adolfo Suárez era la elección idónea para España?", pregunta Juan Carlos I en su libro. "Porque él encarnaba por sí solo la reforma sin ruptura que yo quería llevar a cabo. Era un producto puro del franquismo. Debía su ascenso profesional a su capacidad de trabajo y había progresado desde puestos modestos a otros de responsabilidad", justifica.
Don Juan Carlos había conocido a Suárez cuando éste aún era gobernador civil de Segovia y ya entonces admite que se percató de su "viveza". "Era diferente a los demás miembros del régimen" con los que trataba ya que "no había conocido la Guerra Civil, tenía ansias de modernidad y de cambio, era muy franco" con él y "tenía el valor de sus convicciones".
Cuanto pasó a convertirse en director general de Radio Televisión Española (RTVE) en 1969 contribuyó a dar a quien entonces era Príncipe de España y heredero de Franco "cierta visibilidad mediática" y cuando se convirtió en 1975 en secretario general del Movimiento Nacional "tuvo la audacia de declarar: 'La monarquía de Juan Carlos es el futuro de una España moderna, democrática y justa'".
Aquello, considera Juan Carlos I en sus memorias, "fue muy osado por su parte" ya que se estaba pronunciando "a favor de la legalización de los partidos políticos pese a que dirigía el único partido autorizado" pero también "conocía los entresijos del franquismo, porque era de donde provenía y podía inducirlos a evolucionar".
DESEO COMPARTIDO DE UNA NUEVA ESPAÑA
"Compartíamos el mismo deseo de construir una nueva España sin romper con el pasado y sin causar un trauma radical", resume el emérito, que además admite que en el plano personal se llevaban "muy bien" y que Suárez era "encantador y simpático".
"Adolfo y yo habíamos desarrollado una verdadera complicidad y confianza, hasta el punto de entendernos casi sin hablar. Teníamos una relación excepcional", asegura, de ahí su firmeza a la hora de defender las críticas que recibió por su nombramiento, tanto de franquistas como de la oposición.
Según defiende, debía hacer "caso omiso" y pensar solo en el que era su "objetivo a largo plazo". "La ventaja de un rey es que, a diferencia de un político, no depende de las encuestas. Un reinado exige una mirada amplia, mientras que los políticos lidian con el frenesí de la actualidad y de las campañas electorales", justifica, si bien admite que también era "consciente" de que su "destino estaba ligado a su éxito".