Archivo - Adolfo Suárez prestando juramento de su cargo como Presidente del Gobierno ante el Rey Juan Carlos, el presidente del Consejo del Reino Torcuato Fernández Miranda y los consejeros del Reino la Zarzuela. Europa Press / Europa Press 05/7/1976 - EUROPA PRESS / EUROPA PRESS - Archivo
MADRID, 27 Jun. (EUROPA PRESS) -
Este miércoles, 1 de julio, se cumplen 50 años de la dimisión como presidente del Gobierno de Carlos Arias Navarro, el jefe del Ejecutivo que Juan Carlos I 'heredó' de Franco. Este acontecimiento abrió las puertas de La Moncloa a Adolfo Suárez, quien ganó un año más tarde, como líder de UCD, las primeras elecciones democráticas en España tras 40 años de dictadura.
Al día siguiente, el 2 de julio, Torcuato Fernández-Miranda, entonces presidente de las Cortes y del Consejo del Reino, elevó a Juan Carlos I una terna secreta compuesta por Federico Silva Muñoz, ministro de Obras Públicas entre 1964 y 1970; Gregorio López Bravo, ministro de Industria entre 1962 y 1969 y de Asuntos Exteriores entre 1969 y 1973; y Adolfo Suárez, ministro secretario general del Movimiento en el propio gabinete de Arias Navarro y que entonces tenía 43 años.
En medio de la confusión informativa sobre la composición de esa lista confidencial remitida al Rey, fue Europa Press quien despejó las dudas, el mismo día de la designación de Suárez. La agencia desmintió los rumores que apuntaban a que José María de Areilza, ministro de Asuntos de Exteriores, figuraba entre los aspirantes propuestos al monarca.
Areilza había sido ministro de Asuntos Exteriores con Arias Navarro y había acompañado al rey Juan Carlos I en su primer viaje oficial a Estados Unidos como jefe del Estado, durante el cual pronunció por primera vez la palabra "democracia".
"Europa Press está en condiciones de hacer constar que no tiene fundamento la noticia divulgada en algunos sectores en el sentido de que en la citada terna se encontraba el nombre de don José María de Areilza. Esta noticia fue, aparentemente, una de las causas de la confusión creada esta tarde en Madrid en torno a quien sería el nuevo presidente del Gobierno", aseguraba el teletipo de esta agencia el 3 de julio de 1976.
El 26 de abril el monarca ya había dejado muestras de su disconformidad con el inmovilismo de Arias Navarro en una entrevista en la revista norteamericana 'Newsweek' en la que lo definió como "un desastre sin paliativos" al frente del Ejecutivo.
En este contexto de sorpresa, la historiadora y premio Nacional de Historia en 2023, Encarnación Lemus, reconoce que "la decisión de deshacerse de Arias parecía estar ya tomada" y que el entonces vicepresidente y ministro de Gobernación, Manuel Fraga, y el citado José María de Areilza, eran los nombres que "más sonaban" para la sucesión.
Pero Fraga había quedado "muy tocado" por la represión ejercida por la entonces Policía Armada durante los primeros meses de 1976, y Areilza por las "desavenencias" con el monarca, que quedaron patentes durante el primer viaje oficial de Juan Carlos I Estados Unidos.
UN CANDIDATO "CON AMBICIÓN" Y "DESCLASADO"
Algunos historiadores como Francisco J. Leira reconocen que la decisión de Juan Carlos I de nombrar a Adolfo Suárez fue una "sorpresa" pero aseguran que "no era tan desconocido" para la sociedad española. Había sido director general de Radiodifusión y Televisión (la actual RTVE) y, desde diciembre de 1975 hasta su nombramiento como presidente, fue ministro secretario general del Movimiento en la Ejecutiva de Arias Navarro.
Además, Suárez había dado un célebre discurso en las Cortes franquistas el 9 de junio en favor de la Ley de Asociaciones Políticas en el que argumentó que el Gobierno debía "elevar a la categoría política de normal lo que a nivel de calle es simplemente normal".
Tanto dicho alegato como el que formuló el 10 septiembre de 1976 en defensa del proyecto de la Ley para la Reforma Política --que significó la disolución de las Cortes franquistas "de la ley a la ley"-- le acarrearon un "mal recibimiento por parte de todos los sectores, tanto del 'búnker' como los aperturistas", asegura el historiador.
"Era una persona con ambición y con un gran manejo de los medios de comunicación", según destacan de Suárez los testimonios de protagonistas de la Transición entrevistados para la investigación de Leira, que culminó en el libro 'Retrato de la Transición: la memoria que escondimos en el desván'.
Por su parte, el historiador de la Universidad Complutense Juan Carlos Pereira Castañares afirma que una de las claves de la elección de Suárez por encima de otros candidatos es que "pertenecía a una nueva generación de políticos que no había vivido la Guerra Civil".
En esta misma idea coincide el doctor en Historia por la Universidad Autónoma de Barcelona y profesor de Historia Contemporánea de España en la Universidad Carlos III, Guillermo García Crespo, quien matiza que Suárez "no estaba ligado a ninguna de las grandes familias del franquismo" y que el Rey le veía como "un tipo joven pero flexible políticamente". En el mismo sentido, Leira le define como un "desclasado".
¿INFLUENCIA DE EEUU EN LA ELECCIÓN DE SUÁREZ?
En plena Guerra Fría y con la Transición española bajo la atenta mirada de Estados Unidos, Washington seguía de cerca la evolución política del país con el objetivo de "garantizar la estabilidad" del proceso. En este contexto, distintos historiadores han analizado hasta qué punto la opinión de la administración estadounidense pudo influir en la elección del sucesor de Arias Navarro.
"El Rey era consciente de que Suárez había dejado en el entonces embajador de Estados Unidos en España, Wells Stabler, una buena impresión cuando se habían conocido", asegura García Crespo, señalando que podría haber influenciado en la decisión del monarca.
Sin embargo, otros historiadores como Pereira Castañares niegan que esta influencia viniera de EEUU y apuntan a la figura decisiva de Fernández-Miranda, principal mentor político del rey y "orientador" en la elección entre los tres candidatos para la presidencia.
En este contexto, durante el mencionado viaje de Juan Carlos I a EEUU, el monarca mantuvo una reunión a solas el 4 de junio con el secretario de Estado, Henry Kissinger, en la que ya le trasladó su intención de cesar a Arias Navarro, aunque no hay constancia historiográfica de que en esa conversación se citara el nombre de Suárez como relevo.
"VOLUNTAD EXPRESA DE ALCANZAR UNA DEMOCRACIA MODERNA"
Sentado en un sofá, despojado de la ambientación franquista y solo meses después de la muerte del dictador, Suárez empezó a hacer patente su poder comunicador en su primer discurso como presidente del Gobierno el 6 de julio, un día después de tomar posesión del cargo en Zarzuela ante el Rey, arrodillado frente a una Biblia y un enorme crucifijo. "Sabía utilizar los medios de comunicación, no solo en el 'qué' sino en el 'cómo'", asegura Leira.
En su primer mensaje a los españoles, Suárez se puso como "primer deber el realismo", lo que le llevó a tres consideraciones que explicaban su proyecto político.
La primera, una intención de ser el "gestor legítimo para establecer un juego político abierto a todos". La segunda, bajo la fórmula ya empleada de "elevar a la categoría política normal lo que a nivel de calle es simplemente normal". Y la tercera, que el "afán de cambio" debía darse entendiendo a España como "una tarea común", valorando "el diálogo a rostro descubierto" como "único instrumento de convivencia".
Suárez también recogió el guante de Juan Carlos I y aseguró que "la corona tiene una voluntad expresa de alcanzar una democracia moderna" y concretó la "meta última" de su Ejecutivo: "Que los gobiernos del futuro sean resultado de la libre voluntad de la mayoría de los españoles".
También resaltó su pertenencia a una generación de españoles "que solo había vivido la paz" y recogió un principio fundamental de la filosofía política sobre el contrato social y la legitimidad del ejercicio del poder: "Gobernar con el consentimiento de los gobernados".