Un vallisoletano se duerme y empieza a roncar en el banquillo mientras era juzgado por acoso sexual sobre una empleada

Europa Press Nacional
Actualizado: miércoles, 26 abril 2006 20:12

VALLADOLID 26 Abr. (EUROPA PRESS) -

Un vallisoletano que responde a las iniciales R.J.A.A. se quedó hoy dormido en banquillo de los acusados y comenzó a roncar mientras estaba siendo juzgado como presunto autor de sendos delitos de abuso sexual y acoso sexual sobre una empleada de 28 años a la que en octubre de 2003 sometió, presuntamente, a distintos tocamientos y roces y le envió desde su teléfono móvil mensajes de claro contenido obsceno.

Se trataba de la segunda jornada del juicio que se inició el pasado día 29 de marzo en el Juzgado de lo Penal número 1 de la capital, cuando en el transcurso de la misma, y en el momento en que una de las letradas de la defensa se encontraba en su alegato final, la juez, fiscal y representantes de las distintas partes se quedaron sorprendidos cuando comenzaron a escuchar unos ronquidos cada vez más sonoros que procedían del banquillo, según informaron a Europa Press fuentes del caso.

Ante lo singular de la situación, y dado que el ruido impedía incluso la continuación de la vista, la juez no tuvo más remedio que elevar la voz para solicitar silencio, ante lo cual el acusado, que hasta entonces dormía plácidamente sentado en el banco, despertó del letargo en el que se hallaba sumido pese a que en esos momentos se estuviera dilucidando algo tan importante como su futuro más inmediato.

Fue entonces cuando la magistrado-juez, en clave de humor, se dirigió a la letrada que había tenido que interrumpir su exposición para pedirle que continuara pues, aunque el acusado no parecía demostrar mucho interés, ella sí estaba deseosa de conocer su postura.

Antes de que el juicio quedara visto para sentencia, el Ministerio Fiscal acordó solicitar para el imputado 1 año de cárcel y multa por sendos delitos de abuso sexual y acoso sexual, mientras que la acusación particular pidió una multa global de 12.960 euros. La defensa, por su parte, interesó una sentencia absolutoria.

Durante el juicio, la víctima, C.S.J.B, advirtió de que el día 6 de octubre de 2003, tras cerca de año y medio en la empresa, llegó a solicitar la baja voluntaria en la misma harta de distintos episodios de acoso sufridos por el acusado, de quien aseguró que era el que daba órdenes tanto a ella como a otra empleada.

La denunciante aseguró que inicialmente la relación laboral con el acusado fue bien hasta que pasado un año empezó a sufrir su "agobio y su persecución" y, sobre todo, desde el momento en que su jefe "se pasó con la mano", en referencia a los supuestos tocamientos de culo y espalda sufridos o a aquellas ocasiones en que el supuesto acosador la amenazaba con tocarle el "chocho" si no salía de detrás del mostrador para facilitarle a él el acceso.

La joven relató que, pese a pedir la baja el día 6 de octubre de 2003, continuó trabajando quince días más al objeto de que la empresa pudiera sustituirla y tras recibir la promesa del acusado de que le arreglaría los papeles para poder cobrar el paro. En ese periodo final la situación se tornó aún más insostenible, aseguró la empleada, quien puso como ejemplo el episodio ocurrido el día 10 de ese mismo mes cuando colocó unas bombillas y tuvo que subir a una escalera que agarraba el imputado. "¡Me la has puesto gorda!", asegura la víctima que le dijo posteriormente el acusado.

A ello se suman los SMS que la empleada recibió en su teléfono móvil enviados por R.J.A.A. entre los días 6 y 21 de octubre, en total ocho del tipo "qué gorda me la pones", "me vuelves a poner la polla gorda" o "quiero, quiero, quiero".

ENVIADOS POR EQUIVOCACION

Por su parte, el acusado aseguró que su relación con la joven fue "absolutamente cordial y fluida" y justificó el envío de SMS en una equivocación, ya que los mismos iban dirigidos a su compañera sentimental, cuyo nombre empieza por la misma letra que la denunciante, al tiempo que achacó la denuncia a una venganza ya que inicialmente su mujer se negó a pagarle la liquidación.

Por su parte, una clienta ratificó haber sido testigo de cómo el acusado tocaba la espalda y el culo a la denunciante y cómo ésta se echaba a llorar, mientras que una empleada que todavía hoy trabaja en el establecimiento aseguró que en una ocasión la víctima pidió auxilio porque R.J.A.A. la seguía por la tienda.

En defensa del acusado, el dueño de un bar próximo a la tienda testificó que un día presenció cómo la supuesta víctima amenazó a R.J.A.A con denunciarle si no le pagaban la liquidación, a la vez que la pareja de este último y dueña del negocio negó que su compañero hubiera asediado o abusado de la trabajadora.

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