Actualizado 10/11/2012 13:00

Antonio Casado.- Mas, en el burladero.

MADRID, 10 Nov. (OTR/PRESS) -

La patria como burladero del mal gobernante. Artur Mas se envolvió en la senyera estelada para frenar las protestas sociales, incluida la de los yayoflautas, que no paraban de crecer como consecuencia de una durísima política de recortes. De repente puso sobre la mesa el relato de la Cataluña como unidad de destino en lo universal y del malestar contra su gestión al frente de la Generalitat nunca más se supo. La gente le ha reconocido el mérito de hacernos bailar al son de la música que ha puesto en el tocadiscos, aunque la fiesta la pague el Estado (11.000 millones del dinero común desde que se vació la caja de la Generalitat). Y quien no la baila se sale del escenario de la campaña formalizada tras el arranque del viernes.

En esa clave se miran los programas electorales presentados por los cuatro principales partidos: CiU, por una mayoría absoluta que le permita acceder a los "instrumentos de un Estado"; PSC-PSOE, por el federalismo de izquierdas; PP, en defensa del Estatuto y la Constitución vigentes, y los Ciutadans de Rivera, apasionados al tiempo por Cataluña, España y Europa.

Según las encuestas, el único con tendencia a bajar es el de los socialistas. Siempre fueron primera o segunda fuerza, pero ahora se valora menos su postura contra el independentismo que su ambigüedad en la defensa de la Constitución. En lo segundo se aleja de una gran parte de sus votantes, poco o nada receptivos a la propuesta federalista de Pere Navarro con "derecho a decidir" incluido. Lógico. Que el PSOE esté contra la independencia de Cataluña va de suyo. Que a la hora de revalidar su compromiso con la Constitución se pronuncie a favor de la incierta alternativa federalista tiene desorientados a sus votantes.

En cuanto al reciente oleaje político y mediático conviene reseñar el zarandeo de la barca independentista por parte de quienes no han perdido la costumbre de pensar y se atreven a denunciar públicamente el carácter de viaje a ninguna parte de la propuesta secesionista. Mas ha acusado el golpe, hasta el punto de perder su equilibrio mental. En el peor de los casos eso explica que defienda la abolición del Estado de Derecho (la ley y los tribunales) en nombre de la Democracia, como si estuvieran reñidos. Y en el mejor de los casos, tal vez esté empezando a considerar que ha cometido un error de cálculo. Dicho sea a la vista de los palos recibidos directamente de Joaquín Almunia, vicepresidente de la Comisión Europea, y de su propio socio, Duran i Lleida. Al igual que los abajo firmantes del manifiesto A y del manifiesto B, también le han puesto cara de dónde cree que va usted.

Mas ya ha respondido que la medida de su éxito la dará la interpretación que finalmente haga la UE de los resultados del 25 de noviembre ¿Y para llegar a eso había que darle tantas vueltas a la noria del soberanismo, el derecho a decidir y la absurda incompatibilidad de la Democracia con la ley y los tribunales? De locos.

Contenido patrocinado

Foto del autor

Antonio Casado

Compasión y solidaridad

Foto del autor

Rafael Torres

La sabiduría de los viejos ferroviarios

Foto del autor

Fermín Bocos

La implosión de Sumar

Foto del autor

Fernando Jáuregui

Un país petrificado