Actualizado 24/12/2006 01:00

Carlos Carnicero.- Convivir con Batasuna

MADRID 24 Dic. (OTR/PRESS) -

Parece establecida la premisa de que es suficiente una firmeza de fondo con una dulzura de formas. Esa es la impresión que traslada el Gobierno: Batasuna y ETA pueden pedir lo que quieran, pueden presionar de la manera que estimen conveniente, pueden demostrar fehacientemente que no comparten la cultura de esta negociación con la que tiene el Gobierno, que mientras sigamos contabilizando días sin muertos, el proceso avanza. Y su actitud de desafío no es un inconveniente para que el Gobierno se reúna con la organización criminal.

Es una forma de entender la negociación basada en la concepción de que el tiempo colocará a todos en su sitio. Pero quien ha establecido este análisis como punto de partida para la estrategia de negociación con ETA no contabiliza los efectos secundarios que está teniendo ni las secuelas que pueda dejar en la sociedad española.

Al margen de la sinrazón que está demostrando el PP en la forma que obstruye este proceso -de la que hay algunos signos de cambio en las últimas actuaciones de Mariano Rajoy- lo cierto es que la falta de unidad entre el Gobierno y el PP es el principal inconveniente para un control efectivo por parte del Congreso de los Diputados. Como la opinión pública no tiene conocimiento de lo que pasa, la sociedad está divida entre los que tienen una fe inquebrantable en el presidente del Gobierno y quienes no se fían de lo que está haciendo.

Hace falta fe para presenciar las reuniones con ETA mientras la kale borroka quema autobuses y Batasuna desafía la ley con la chulería de afirmar que no piensa cumplir la que regula los partidos. ETA sigue reorganizándose en Francia donde los últimos incidentes y los informes de la policía francesa confirman su proceso de reorganización. Reunirse con ETA en Suiza después de haber afirmado que con violencia nada es posible es una contradicción que debería ser explicada por el Gobierno.

Convivir con Batasuna en pleno proceso de desafío al estado es una forma de cesión que puede llegar a establecer el derecho del mundo abertzale a perpetuar su insumisión y rebeldía a la ley como una forma de actuación política que acaba siendo aceptada. No hay nada ejemplarizador en quienes han estado apoyando al crimen organizado y siguen utilizando la violencia sean admitidos en la sociedad democrática.

Carlos Carnicero.

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