Publicado 09/03/2026 08:00

Fernando Jáuregui.- Las dos Españas, divididas entre Guatemala y Guatepeor, qué tragedia

MADRID 8 Mar (EUROPA PRESS)

Aquí, si te manifiestas en contra del despotismo muy poco ilustrado de Donald Trump, te clasifican de inmediato como aliado de los talibanes o, como mínimo, como un 'sanchista' irredento. Porque una de las peores cosas que nos están ocurriendo, al menos a los europeos, es que el volcánico presidente de los Estados Unidos acapara, por derecho propio, las portadas, los telediarios, los informativos de radio, las manifestaciones feministas y las conversaciones de los almuerzos familiares de los domingos. Así, la campaña electoral en Castilla y León apenas trata de los problemas locales y las recetas para solucionarlos: gana el 'no' a la guerra en Irán, que es un 'no' a muchos mandatarios en bastantes países. Hasta el movimiento feminista pierde fuelle al ruido de los edificios derrumbándose en Teherán.

Ignoro, desde luego, cuál será el resultado de las elecciones en Castilla y León el domingo. Pero, si le digo la verdad, me parece que la pasión en torno a esta incógnita es poca. Lo mismo que acerca de qué ocurrirá por fin con la gobernación en Extremadura, o en Aragón o, en el futuro, en Andalucía. La guerra y el 'no' a la guerra, un mundo dividido radicalmente en dos: uno, el que apoya sin reparos a Trump, reflejado en esos mandatarios latinoamericanos rodeándole obsequiosos en el despacho oval. Y dos, el que, Pedro Sánchez quisiera que, capitaneado por él, rechaza el belicismo trumpista. Esa dialéctica, en la que nos va la vida, invade todos los espacios.

Mientras, los ciudadanos, horrorizados -lo dicen las encuestas, conste- por las imágenes de destrucción y sufrimiento, tomamos conciencia de que cada día que está pasando nos hacemos un poco más pobres, un poco más desvalidos, más riesgos penden sobre nuestras cabezas. 'El mundo se sume en la ley de la selva', titulaba un gran diario nacional este domingo. Otros hablaban de que Trump promete muchas muertes, destrucción total, en Irán. Ataques duros. La gente, la pobre gente que ya estaba sojuzgada por el fanatismo de los ayatolas, se refugia como puede de las bombas 'made in USA' o en Israel. Los muertos se cuentan -si es que ya se cuentan- por miles.

Así, ¿Cómo diablos seguir especulando acerca de si Sánchez, blanqueado como 'el hombre del 'NO' a Trump', anticipará o no las elecciones generales? Y más aún: ¿cómo hablar de los problemas del campo castellano y leonés, por ejemplo, con la que está cayendo en el campo de batalla? ¿Qué espacio reservar en los periódicos al deshojar de la margarita en el posible, quizá hasta probable, pacto entre PP y Vox para llegar a la gobernación de varias autonomías primero, quizá de la nación después, quién sabe cuándo?

Pues eso: que los temas que nos acuciaban en casa pierden fuelle ante la devastación de una contienda que cada día adquiere, lo admitamos o no, más el carácter de una conflagración mundial. Nos hallamos, dicen todas las voces responsables, en un momento al menos tan peligroso, si no más, para la estabilidad del planeta como los finales años setenta. Bien venido sea el debate en España acerca de si la guerra planteada por Trump -porque ha sido él quien la puso en marcha- es justa, injusta, conveniente o inconveniente.

Yo solo sé que nuestras economías pueden hundirse y nuestro sentido de lo que es justo, equilibrado, proporcional, también. No, no soy 'sanchista', Dios me libre; pero NO a la guerra. Lo grité, lo gritamos muchos no necesariamente 'zapateristas', otro mes de marzo, en 1973. Lamentablemente, este grito vuelve a tener vigencia, qué catástrofe. Y las dos Españas vuelven a dividirse en torno a si lo mejor es Guatemala o Guatepeor, qué tragedia.

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