MADRID 6 Nov. (OTR/PRESS) -
A cualquiera puede parecerle una locura que ETA pida lo que pide a cambio de la paz, la autodeterminación, Navarra, que los jueces dejen de juzgar y los policías de perseguir a los asesinos, extorsionadores y demás 'borrokas' de la banda, que sea la ley la que se adapte a Batasuna y no al revés. Es de locos, sí, pero, viniendo de quien viene, también de lo más normal y natural. Las bandas terroristas no funcionan en clave democrática sino en clave totalitaria. Y a una organización terrorista y por lo tanto totalitaria, como es ETA, le resulta totalmente incomprensible que la otra parte de la ecuación del llamado proceso de paz vasco, es decir, el Gobierno, no pueda meter en vereda a los jueces, a la policía o a la propia Ley según convenga a los ritmos de la negociación en cada momento. Vamos, que a los etarras no les cabe en la cabeza que el Gobierno no pueda hacer con el Estado de Derecho lo que la dirección etarra hace con sus comandos: mangas y capirotes a la medida de sus intereses
Por ahí creo que hay que buscar la explicación del bloqueo en que se encuentra 'el proceso'. Ni aunque quisiera, que yo creo que no quiere, podría darle el Gobierno a la banda la sarta de disparates que pide. Si lo intentase, se saldría de la ley; y esto, en democracia, ya sabemos como acaba: te detiene la Guardia Civil. Pero, claro, vete tú con 'sutilezas' como esta a una banda totalitaria como ETA. Advertirles, como acaba de hacer el ministro de Interior, que aunque la voluntad de paz del Gobierno es enorme, tienen que cumplir 'las reglas del juego democrático' para que 'el proceso' prospere, está muy bien, pero, tiene un 'problemilla': a una banda terrorista esto le suena a chino, no entienden de que va.
El 'diálogo para besugos' en que se está convirtiendo 'el proceso' es culpa, en mi opinión, de un error de origen totalmente achacable al Gobierno: en vez de limitar las negociaciones a las 'condiciones técnicas' del adiós a las armas de ETA, como hicieron González y Aznar (y apretar los dientes si no funciona), Zapatero se ha sentado con Batasuna, le ha dado rango de interlocutor y carta de naturaleza 'política' a Batasuna. Como si, a diferencia de ETA, Batasuna sí pudiera entender el lenguaje de la democracia, como si fuera, tan sólo, un hermano separado o un hijo pródigo recuperable para la causa de la democracia. Pero, la diferencia no existe: Batasuna es ETA. Y ETA no quiere la paz sino 'el poder'. Ojalá 'el proceso' dure eternamente, éste o cualquiera, porque la alternativa es que ETA vuelva a matar; pero, los demócratas haríamos bien en dejar de engañarnos. Cuanto antes volvamos a la unidad y a la firmeza contra ambos -contra ETA y contra Batasuna- mejor.
Consuelo Sánchez-Vicente