Actualizado 29/10/2006 02:00

Curri Valenzuela.- El que elige es Zapatero

MADRID 29 Oct. (OTR/PRESS) -

En Cataluña acuden a las urnas pasado mañana después de una campaña electoral plana y a veces absurda, tan absurda como la comparación de Montilla con Nocilla, el reparto de preservativos contra la derecha o los puntos de catalanidad para los inmigrantes, cosas que en el resto de España se miran con bastante escepticismo, una vez admitida la premisa de que al menos en las cuestiones políticas los catalanes parecen así como marcianos. Como tampoco nadie con criterio se fía de las encuestas del CIS y se recuerda que en vísperas de las últimas europeas el instituto oficial pronosticó una victoria del PSOE por diez puntos de ventaja que a la hora de la verdad se quedó en casi empate con el PP, su vaticinio de ahora, de una amplia victoria de CiU pero sin mayoría absoluta, deja en el aire todo tipo de especulaciones sobre lo que pueda pasar el miércoles.

Para empezar, mucho dependerá del grado de participación de una ciudadanía que no parece entusiasmada ni por el resultado de la gestión del tripartito que ha gobernado en los últimos tres años, ni por sus alternativas. Incluso es probable que cuando se hayan contado los votos la gran incógnita, la de quien o quienes van a gobernar, siga en el aire; esta es una de esas elecciones donde una cosa es quien descorcha el champán la noche electoral y otra bien distinta quien comienza a gobernar un mes mas tarde. Así que lo que se juega el día 1, más allá de la victoria de CiU, el mantenimiento del PSC, la bajada de ERC o la inmovilidad del PP es la coalición que se formará unas semanas más tarde del recuento de los votos.

Hay tres fórmulas sobre el tapete. Una, la nueva edición del tripartito de izquierdas, con Montilla en la presidencia de la Generalitat; dos, un gobierno nacionalista puro de CiU y ERC; tres, una gran coalición CiU-PSC presidida por quien más votos obtenga, presumiblemente Artur Mas. Lo curioso es que lo más determinante para que cualquiera de estas tres opciones se convierta en realidad no depende tanto de los resultados electorales, sino de la voluntad de José Luis Rodríguez Zapatero. El fue quien arrinconó a Maragall hasta conseguir un adelanto de las elecciones catalanas, así que no resulta descabellado predecir que un dócil Montilla se atendrá a lo que el presidente del Gobierno le diga si se le presenta la disyuntiva de montar un tripartito o permitir que gobierne CiU. Lo que son las cosas: tanto nacionalismo, tanta autodeterminación, tanto Estatuto para que al final los catalanes sean gobernados por un señor de León que vive en Madrid.

Curri Valenzuela.

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