Actualizado 14/07/2012 14:00 CET

Antonio Casado.- Nubarrones.

MADRID, 14 Jul. (OTR/PRESS) -

La cuarta oleada de recortes del Gobierno Rajoy se hizo carne en el Consejo de Ministros de este viernes. Entre otras cosas, ya conocemos la letra pequeña de la subida del IVA. Supone un sustancial recorte en el poder adquisitivo de todos los españoles, ricos y pobres, jóvenes o mayores, con trabajo o sin él. Y nuevo palo al consumo, uno de los dos motores de la economía. El otro es la inversión, que tampoco levanta cabeza.

No me extraña que Rajoy lo considerase "un sablazo en toda regla". No me extraña que el ministro de Hacienda, antes de volver a serlo y después de haberlo sido, estuviera radicalmente en contra de la subida del IVA por ser un impuesto "ineficaz e injusto, porque afecta a pensionistas y parados, y porque traerá más paro". Pero eso era cuando los papeles estaban cambiados, cuando el que reclamaba el sacrificio de los españoles obligado por "las circunstancias" era Zapatero, el antecesor.

Cuarta oleada de recortes, decimos, con vocación de definitiva. Un verdadero plan de estabilización basado en el ajuste de 65.000 millones de euros menos en la diferencia entre ingresos y gastos a finales de 2014. Se trata de cumplir con Bruselas, que tiene abierto un expediente sancionador a España por exceso de déficit público. Y para volver al redil de la ortodoxia fiscal de la UE nos hemos comprometido a dejar ese indicador en el 2,8% del PIB a 31 de diciembre de 2014.

Es la hoja de ruta. Exige sacrificios de funcionarios, pensionistas y desempleados, amén de continuar recortando en Sanidad y Educación. En esos epígrafes están las grandes partidas de los Presupuestos Generales del Estado, aparte las de los intereses de la deuda cuya cobertura requiere precisamente de ese uso masivo de la tijera. También en otras áreas de las administraciones y el sector público en general. Todo ello en nombre de la supresión del gasto no productivo y principios de eficiencia, competitividad, productividad, racionalización, etc. Capítulo especial merece el gasto de las regiones. Sobre todo tras el desapacible cónclave que sus respectivos consejeros celebraron el jueves pasado con el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, en el llamado Consejo de Política Fiscal y Financiera. No hubo unanimidad ni mucho menos en la aceptación del plan de estabilidad propuesto por el Gobierno que las obliga a no superar el 1,5% e déficit en 2012, el 0,7% en 2013, con meta final en el 0,1% a 31 de diciembre de 2014.

Las discrepancias y los amagos de insumisión (también en algunas Autonomías gobernadas por el PP), emiten una señal pésima para los mercados y los jerarcas de Bruselas. Pero los señores de negro tampoco acaban de estar conformes con esta sobredosis de sangre sudor y lágrimas que se acaba de administrar a los españoles. Acabaremos levantando un altar consagrado a la prima de riesgo. Con su ara de sacrificios y todo. Mal pintan esas nubes que asoman por el horizonte.

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