Publicado 07/11/2026 08:01

Antonio Casado.- Y Trump mordió el polvo

MADRID 7 Nov. (OTR/PRESS) -

Las reseñas sobre el planchazo de Donald Trump en las elecciones de medio mandato son música celestial para quienes aún creemos que durante estos dos últimos años el catecismo democrático (urnas, ley, derechos humanos, separación de poderes...) ha sufrido en manos de un lunático, autoritario, populista, altanero, xenófobo y supremacista.

De haberlo sabido con dos siglos y medio de antelación, el español Bernardo de Gálvez (virrey de Nueva España), a las órdenes del ilustrado conde de Aranda, tal vez se habría pensado dos veces lo de apoyar la causa de la independencia norteamericana frente a Inglaterra (1776). De hecho, los historiadores creen que la posición de España en aquella guerra contra Inglaterra fue la peor equivocación política de Carlos III.

Perdón por la ucronía. Es una forma de reconocer que, aunque fuera por caminos torcidos, los padres fundadores de la independencia diseñaron un excelente modelo de república constitucional y representativa que, dicho sea de paso, aplicó las ideas de la Ilustración europea.

Un modelo democrático de contrastada eficacia en largo recorrido. Gracias a su diseño de los contrapesos al poder presidencial, la voz del pueblo soberano, que se pronuncia cada dos años sobre el desempeño del inquilino de la Casa Blanca, ha puesto a Trump en su sitio. Ha sido muy claro el castigo en forma de reproches por las tendencias autoritarias de este.

Con el recorte de los representantes de su partido en el Congreso bicameral (Representantes y Senado), ya en minoría frente al Partido Demócrata, Trump ya no podrá hacer de su capa un sayo. Una excelente noticia que este hombre, ya cuestionado dentro de su propia familia política, haya entrado en la cuenta atrás de su reinado.

Tiene 80 años y ya no habrá reenganche. Se ha labrado a pulso su recta final hacia la cancelación. Y no solo por la guerra de Irán y su cerrado apoyo a la barbarie de Israel en Gaza, que había sido un motivo suficiente de discordia entre sus dos hombres fuertes (Vance y Rubio, sus eventuales sucesores al frente del Partido Republicano). ¿Y el disparado coste de la vida, las deportaciones televisadas a sangre y fuego, el autoritarismo, el abuso de poder, el desprecio de las instituciones, la falta de respeto a sus adversarios políticos, a los jueces que le acechan, a los periodistas que hacen preguntas inadecuadas...?

Si tiramos por elevación, obligados estamos también a celebrar su reciente fracaso en las urnas como la desactivación, al menos ocasional, de una pieza clave de la conjura reaccionaria para acabar con la democracia en un mundo sin reglas, basado en la ley del más fuerte, que abomina del multilateralismo institucionalizado en la ONU, así como de la justicia universal institucionalizada en la Corte Internacional de Justicia (contra Estados) y la Corte Penal Internacional (contra personas).

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