MADRID 1 Ago. (OTR/PRESS)
Ha sido, lo decía el gran titular de un importante periódico español, "una agresión inédita a España". Si lees atentamente el espíritu, además de la letra, de los medios nacionales y, ay, de muchos internacionales, hemos estado ante una demostración palpable de la impotencia de un Estado. Supongo que los buceadores demoscópicos constatarán una sensación de ridículo en el ánimo ciudadano: lo que ha ocurrido en Ceuta, con una 'invasión' perfectamente previsible de decenas de miles de marroquís, habla de un Estado, o al menos de un Gobierno, que está bien lejos de aquel que nos pintaba Pedro Sánchez en su muy triunfalista comparecencia ante los medios no hace ni siquiera una semana.
Otros periódicos, incluso alguno considerado muy próximo al Ejecutivo socialista, recogían este sábado confesiones dentro del entorno 'sanchista' en el sentido de que el Gobierno, ocupado como estaba por unos incendios que no se supieron prever ni combatir suficientemente, no dio de sí para estar atentado a lo que ocurría en el sur. Cuando cientos, luego miles, de nadadores, al amparo de una sentencia absurda del Tribunal Supremo, arribaban a las costas de Ceuta, inicialmente defendidas por apenas medio centenar de guardias civiles. Tras esa sentencia del Supremo impidiendo devolver 'en caliente' a quienes llegaban por mar y tras el por otro lado muy necesario acuerdo con Argelia, ¿qué esperaban nuestras autoridades que hiciesen los súbditos del monarca/tirano alauita? ¿No hubiese sido lo lógico tomar las medidas de precaución y disuasión más evidentes?
Creo que al menos los ministros de Interior, que lleva tras de sí una retahíla de disfunciones, y Exteriores, que anda como a saltos, deberían sufrir una seria remodelación en una crisis general del Gobierno. Pero claro ¿cómo remodelar un Ejecutivo al que acabas de calificar como el más competente, el mejor, de Europa? ¿Cómo diagnosticar acertadamente lo que ocurrió en Ceuta, que parecía como de película de Spielberg, cuando no te queda otro remedio que asegurar que Marruecos nada ha tenido que ver en esta crisis, frente, por cierto, a lo que proclamaba el 'socio' Sumar (y frente a la evidencia)?
Un Estado, o al menos un Gobierno, o al menos el presidente de ese Gobierno, tiene que ser capaz de definirse a sí mismo, sus carencias, sus flaquezas y no solo sus fortalezas, con realismo y con verdad. Y empezamos a temer que esa pintura envidiable que Sánchez hace de este gran país llamado España no es un trampantojo ni una mentira, ni mera propaganda: Sánchez cree ser el mejor piloto del mejor Gobierno de la mejor Administración del mejor país de Europa, qué digo Europa, del mundo.
Y así, me consta que La Moncloa no ha entendido el enfado de los países de la UE ante esta 'crisis migratoria' que, naturalmente, no es solo un fallo sistémico en Ceuta, como algunos han querido perimetrar. Ni es que los elementos, el agua, el fuego, la tierra, se hayan aliado contra nosotros. Más bien es, quizá, un enorme agujero en el casco del Estado y, desde luego, debería ser un 'tocado y hundido' para el Gobierno. Alguien debería, en lugar de refugiarse en La Mareta, actuar en consecuencia. Pero ya digo: ¿cómo admitir que algo va mal cuando acabas de proclamar que todo va tan bien que somos la envidia del mundo, de ese mundo que nos mira con el ceño fruncido?