28 de marzo de 2020
 
Publicado 17/02/2020 8:01:30CET

Fernando Jáuregui.- Increíble pero cierto: quien se la juega es Casado

MADRID (OTR/PRESS)

El viento favorable hincha las velas del buque de Sánchez. En el comité federal del PSOE, que ha estado ajeno a las grandes decisiones, le aplauden sin crítica alguna. Pablo Iglesias, el provocador de los insomnios de antaño, calla y también aplaude: hasta irá, encantado, a vicepresidir el Consejo de Ministros este martes en La Zarzuela, bajo la presidencia del Rey. Quien parece que anda pidiendo 'paciencia' ante este Gobierno a determinados poderes, como la patronal, que también han adoptado el silencio una vez que sus advertencias previas sirvieron de poco.

Así, un indudablemente triunfante, crecido, Pedro Sánchez recibe este lunes en La Moncloa al líder de la oposición y presidente del PP, Pablo Casado. A quien, por increíble que parezca, es al que se le va a pedir un esfuerzo para mantener la estabilidad del Ejecutivo 'de progreso'. Y tendrá que hacerlo.

Difícil papeleta la de Casado. Sánchez se le adelantó en la sesión de control parlamentario del pasado miércoles: parecía que, pendiente tan solo la asignatura de Abalos, a quien se controlaba era a la oposición, y no al Gobierno. El presidente ofreció su mano tendida al líder del Partido Popular, consensuar 'pactos de Estado'. Y eso mismo es lo que creo que va a reiterarle, con tambores y trompetas, este lunes. Que llegue a pactos en política exterior, para renovar los órganos judiciales, que apoye sin hacer mucho ruido el diálogo con los estamentos oficiales catalanes, que... Puede que incluso le ofrezca un pacto sobre educación y sanidad, los dos arquitrabes del estado de bienestar. Y hasta cabe que hablen de tractores y de cómo el PP puede aplacar la ira de algunas organizaciones agrarias a las que se considera más bien influidas por el partido conservador que por los socialistas.

Creo que Casado acude a La Moncloa con ánimo constructivo, aunque sospechando que debería haber sido él, y no su oponente, quien hubiese pedido un diálogo de Estado en el que él, Casado, podría haber planteado exigencias a cambio de su apoyo. Me parece que el líder de la oposición, que es figura sin duda relevante y de futuro, se ha dado cuenta de que la política del hostigamiento, de --por ejemplo-- sugerir que la eutanasia es un intento de aliviar las cifras de pensionistas y alguna otra desmesura, lo que hace, en el fondo, es fortalecer a Sánchez. Y si, encima, algunos en el PP tratan de superar las demasías que se proclaman desde Vox, peor. Que otros, en Ciudadanos, piensen que pueden seguir compitiendo por el liderazgo del centro-derecha es una baza más que, al menos coyunturalmente, se apunta el presidente del Gobierno central y secretario general del PSOE: a río revuelto...

Así las cosas, me susurran algunos 'casadistas' que su líder ha de empezar a protagonizar él las jugadas a base de proponer al Gobierno dar pasos constructivos, consensuar nombramientos --esta semana, la nueva fiscal general Dolores Delgado, tan polémica, pasará un duro examen en el Congreso--, sorprender a la opinión pública con propuestas de Estado. "Hay que arrebatar a Iván Redondo los titulares de prensa", me decía un diputado 'popular'. Para ello hacen falta equipo, portavoces algo mejores que los actuales, tiempo para desarrollar y discutir nuevas ideas. Una nueva forma de estructurar la política, en suma. Porque la verdad es que, hoy por hoy, Sánchez pedalea aupado por el 'maillot' amarillo y asciende en solitario; ya se sabe que el 'maillot' amarillo da alas. Y el poder escribir en el 'Boletín Oficial del Estado', ya ni te digo.