Actualizado 08/10/2011 14:00

Fernando Jáuregui.- Quinielas.

MADRID 8 Oct. (OTR/PRESS) -

Escribo desde la convención nacional del PP en Málaga. Los pasillos hierven de rumores. Todos creen saber qué ministerio ocupará, por ejemplo, Miguel Arias Cañete, cuál Enrique López, dónde parará Cristóbal Montoro, dónde Alvaro Nadal, cuánto despacho para Ruiz Gallardón... Sin duda, Rajoy tiene mucho para repartir entre sus fieles, porque el vuelco va a ser completo: departamentos ministeriales, empresas públicas, embajadas... Así que detecto nervios entre los 'candidatos', aunque la verdad es que el oráculo, el hombre que será fuente de todo poder, el dedo omnipotente, aún no ha, que yo sepa, dicho ni pío. Menudo es, dicen quienes bien le conocen, Mariano.

Me lo decía uno de los asiduos a la peripatética de pasillos, alguien que suena bastante en las quinielas que, básicamente, nos inventamos entre los periodistas y los militantes, unos para que suenen los favoritos de los que esperan gracia, otros para desactivar nombres que para ellos serían peligrosos: "Hay que desengañarse", me decía, "porque hablan de mí, pero no conmigo". Pues eso, que tengo para mí que el gallego ejerciente nos tiene reservadas algunas sorpresas. Pero esto de las quinielas es, ya se sabe, un juego inevitable. Un juego que en el PSOE me parece que no se atreven ni a jugarlo.

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