Fernando Jáuregui.- Siete días trepidantes.- A este Gobierno le quedan menos de 200 días

Actualizado 07/02/2010 13:00:13 CET
Actualizado 07/02/2010 13:00:13 CET

Fernando Jáuregui.- Siete días trepidantes.- A este Gobierno le quedan menos de 200 días

MADRID, 7 Feb. (OTR/PRESS) -

Bueno, admito que es un cálculo aproximado, pero, de aquí a finales de julio, Zapatero habrá tenido que proceder a una remodelación intensa de su Gobierno, si quiere llegar con algo de oxígeno a los años electorales de 2011 y 2012. Y tendrá que hacer un Gobierno fuerte, de muy amplio espectro, en el que cada ministro sea un activo, y no una guinda, masculina o femenina. Porque lo de ahora es un equipo mal compactado, capaz de todos los errores, incapaz de auxiliar a su presidente -que, también es verdad, ya se encarga él solo de sus propios desaciertos-- en el que se salvan individualidades, pero que suspende como colectivo.

Lo que viene ocurriendo en las últimas semanas, lo que ha sucedido en los últimos siete días trepidantes, abona lo que digo sobre la urgente necesidad de proceder a una crisis importante y sustituir valores en baja, o simplemente inexistentes -eche usted un vistazo a las agendas de actividades de determinados ministros/as y verá cómo no se ganan el sueldo--, por personalidades fuertes. No necesariamente militantes ortodoxos. Y ZP debe hacerlo inmediatamente después de que se cierre la presidencia española de la Unión Europea. O sea, en julio, que es mes tradicional de recambios en las poltronas ministeriales. Faltan menos de doscientos días, en suma.

Tiene ZP que sustituir a ministros/as ineficaces o/y con escasa peso y relieve por personalidades fuertes, del corte de algunos ex ministros que han ido adquiriendo notoriedad en el plano internacional. O de algunas personalidades independientes, o incluso procedentes de otros partidos, que se han ganado a pulso su prestigio.

El problema es que a Zapatero -me parece lógico_ no le gustan ni Javier Solana, ni Joaquín Almunia, ni Josep Borrell, que van demasiado por libre y, encima, a veces se permiten -caso del comisario Almunia_ lanzar unas críticas que hacen temblar las bolsas, como tiemblan cada vez que Paul Kruger, el Financial Times o el FMI lanzan sus veredictos sobre la situación económica en España.

Menos aún, supongo, le gustaría al presidente incorporar a su elenco ministerial a gentes como Manuel Pizarro -sí, Pizarro, que se ha quedado en el 'paro político' al dar el portazo al grupo parlamentario Popular--, o Duran i Lleida, o Josu Jon Imaz, suponiendo, claro, que alguno de ellos dijera 'sí', por puro patriotismo, a echar una mano a la nave del Estado, que no tanto a la pervivencia política de un Zapatero que me parece que, a este paso, no va a seguir en La Moncloa tras 2012.

Pero sospecho que ni la opinión pública nacional ni los mercados internacionales soportarían un recambio cosmético, más aídos, corredores, sindes, garmendias, corbachos, sebastianes, chaves, sustituyendo a los/as originales. No, no está el patio para simplemente cambiar algo para que todo siga igual: hacen falta caras nuevas, aunque reconocibles, que aporten ideas de fondo, tangibles.

Ni está el patio tampoco para soluciones como las que reclaman, ante el deterioro ambiental, algunos portavoces de la oposición -que no el impasible y prudente Rajoy_ o ciertos 'fabricantes de opinión': esta semana 'horribilis' hemos escuchado voces pidiendo mociones de censura, elecciones anticipadas, dimisiones puras y simples del presidente del Gobierno. Voces que se recrean ante la perspectiva de que el caos desgaste, más, al Ejecutivo. Voces que dicen que para qué un pacto entre Gobierno y oposición -sería lo más lógico_ si el fruto de La Moncloa caerá, por sí solo, maduro. Voces me parece que poco responsables a las que no parece importar sino el desgaste de este poder para sustituirlo por otro, y mientras tanto, que se fastidien los cuatro mil parados nuevos que aporta cada jornada.

Menos mal que ciertos empresarios, algunos banqueros y los sindicatos, cada cual con sus alforjas y sus culpas al hombro, han aportado algo de sensatez al loco debate nacional, recomendando prudencia y aceptando el diálogo en torno a las tibias e inconcretas propuestas de reforma que sugiere un Gobierno al que, me parece, en este cuarto de hora no queda más remedio, nos guste o no nos guste, que echar una mano. Y preferiblemente no al cuello.

fjauregui@diariocritico.com

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