Fernando Jáuregui.- Urgente: hallan serpiente de verano en despacho de ministro

Actualizado 15/08/2015 12:00:25 CET

MADRID, 15 Ago. (OTR/PRESS) -

Quizá se me pueda acusar de falta de sensibilidad democrática, pero le confieso a usted que no acabo de ver tanto, tanto desafuero en el hecho de que un ministro reciba a un presunto -presunto- delincuente fiscal en su despacho oficial. Ningún interés o simpatía especial tengo ni por el polémico ministro -muchas veces he criticado malos pasos de Jorge Fernández Díaz, titular de Interior y 'padre' de esa horrenda Ley de Seguridad Ciudadana- ni por el presunto, Rodrigo Rato, cuyos pasos, aún peores, tampoco he dejado nunca de criticar. Pero una cosa es una cosa, y otra, otra.

Comprendo que estamos en un período preelectoral, y que todo aprovecha para el convento. Pero personalmente juzgo desmesurado que, sin siquiera haber escuchado lo que el ministro tenía que decir -poco- en sede parlamentaria, el principal partido de la oposición se haya lanzado a presentar una denuncia ante la Fiscalía. Acusando al ministro, a cuenta de su 'cumbre' con Rato en el despacho del Ministerio, nada menos que: de prevaricación, omisión del deber de perseguir un delito y revelación de secretos. Delitos todos que el ministro habría cometido, claro está, presuntamente, y una acusación que simplemente no se sostiene: o no sabemos bien qué es prevaricación, o esta hay que demostrar que existió de hecho, lo que va a resultar imposible, y lo mismo sea dicho de los otros dos presuntos delitos denunciados por el PSOE ante una Fiscalía a la que acusan de inoperante por no haber iniciado investigaciones sobre el caso. Pero ¿hay caso?

Porque primero: ¿es imputado sinónimo de apestado, de manera que resulte sospechoso, por contagio, quien hable con él? Segundo: ¿Hubiera cambiado la cosa si Fernández Díaz y Rato se hubiesen reunido en un restaurante, en un domicilio privado? ¿Tendrían entonces la obligación de decirnos de qué habían hablado? ¿Estaríamos seguros de que nos decían la verdad sobre lo tratado entre ambos? Y ya puestos, ¿tenemos la seguridad de que el ministro ha dicho la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad acerca de lo que habló con su ex compañero de partido, ex vicepresidente del Gobierno, ex responsable del FMI -que menudos palos está sacudiendo a las previsiones económicas del actual Gobierno, por cierto- y ex presidente de Bankia?

Yo, que me perdone el responsable de la 'ley mordaza', que presume de no mentir porque va contra sus convicciones religiosas, no creo que su comparecencia parlamentaria haya servido de mucho para convencer a los escépticos ciudadanos, que ya se creen muy poco de lo que les cuentan desde estamentos oficiales u oficiosos. Pero, que me perdonen también algunos portavoces de la oposición, también creo que esta comparecencia sobraba, porque sobraba el escándalo artificial que se ha montado, que me recuerda, cada cosa en su plano, al que acompañó durante meses al 'caso Faisán' para desgastar a Pérez Rubalcaba. ¿Qué quedó de todo aquello? ¿Qué quedará de todo este 'affaire' del encuentro con Rato cuando, en pocos días, comience la campaña electoral catalana y luego la de las elecciones generales?

Por fin, ¿existe alguna prueba de que desde Interior se haya dado algún trato de favor a Rato ante su horizonte judicial? Que me conste, hasta ahora yo diría más bien lo contrario: la UCO ha realizado una investigación exhaustiva sobre las actividades de Rato, quien incluso fue objeto de una ignominiosa detención policial 'televisada', sin que, a mi parecer, existiese causa suficiente para ello ni excusas del responsable de las fuerzas de Seguridad del Estado por ello. Es más: ¿podría de alguna manera, aun queriéndolo, ayudar extrajudicialmente el ministro a su ex compañero? Lo dudo mucho, y de esa presunta -otra presunción-- ayuda sí que no existe prueba alguna: ¿prevaricación? ¿qué prevaricación?.

En fin, tormenta en vaso de agua, serpiente de verano, polémica excesiva, como tantas de las muchas a las que asistimos en este país nuestro, encantado de debatir ruidosamente sobre la corteza y olvidadizo sobre la naturaleza de la miga, proclive a montar una escandalera sobre la fiesta de los toros y benigno sobre los verdaderos motivos de escándalo político nacional. Porque anda que no hay cosas 'de calado' acerca de las que preocuparse, con toda una clase política que parece mirar hacia otro lado cuando nos viene el curso más duro, más bronco, más peligroso para las esencias del país, de cuantos hemos conocido desde hace quizá décadas.

En fin, menos mal que el pobre titular de Interior -cuya imagen para nada se compadece ya con la que debería tener un ministro en estos tiempos del Cambio- ha podido sacar pecho a cuenta de la detención del monstruo -presunto- que quizá haya asesinado a las dos desventuradas jóvenes de Cuenca. Uno más de los execrables crímenes derivados de la violencia de género que aflige a este país. Y esa también es cosa que me preocupa mucho más que a quién reciba o no el señor ministro en su despacho.

Porque, según mi criterio, y pido perdón a quien corresponda por expresarlo, recibir a un imputado -ni siquiera es un condenado, pero tampoco pasaría gran cosa- en un despacho oficial nada implica. Lo malo podría ser a quién no recibe el señor ministro, pero de esas omisiones -presuntas- no existen ni estadillos ni filtraciones malintencionadas desde los pasillos ministeriales, donde tantas cosas raras pasan todos los días.

Para leer más

OTR Press

Francisco Muro de Iscar

¿Hay lugar para la moderación?

por Francisco Muro de Iscar

Victoria Lafora

Errejón y los amigos

por Victoria Lafora