MADRID 1 Ene. (OTR/PRESS) -
Siempre he pensado que sería una excelente idea, seguramente irrealizable sin que los políticos la prostituyeran, crear un nuevo cuerpo de Letrados de la Administración de Justicia del máximo nivel que cada año analizaran el funcionamiento de todas las leyes vigentes y propusieran al Parlamento cuáles habría que derogar por innecesarias, obsoletas o desfasadas; cuáles por sus consecuencias y efectos negativos; y cuáles por su baja calidad legislativa o por haber conseguido el efecto contrario que se buscaba. Incluso se podría añadir una categoría más: las leyes que se han puesto en marcha sin los consiguientes e indispensables presupuestos económicos y han sido imposibles de aplicar. Manuel Pizarro dijo en una ocasión que el Parlamento debería dedicar un año a deslegislar, a borrar todas las leyes que no sirven para nada. Tendría trabajo. Y hay estudios más que solventes de que la hemorragia legislativa que sufre España desde hace años -más de 200.000 normas entre 1995 y 2020, legislación europea, nacional, autonómica y local, no siempre concordantes- lastra el crecimiento de la economía, es un freno a la inversión extranjera y multiplica la burocracia y la posibilidad de sanciones. Esa es también una de las causas de que la justicia sea lenta e ineficiente. Y a eso se suma la voracidad del poder por tratar de controlarla y domesticarla. Todos están de acuerdo en que hay que reformar la Justicia. El problema es que cada partido quiere hacer una cosa diferente para lograrlo sin escuchar a los demás y tampoco a los expertos o a los profesionales de la justicia. Y lo que impulsan o aprueban unos es cambiado por los que vienen después. Y así sólo consiguen que cada año sea mayor el caos y la carrera de obstáculos para abogados, jueces fiscales y procuradores. Pero sobre todo para los ciudadanos.
El colapso de juzgados y tribunales tras la aprobación de la ley Bolaños de eficiencia de la justicia- ahora es más ineficiente que nunca- es dramático. Y la entrada en vigor de los tribunales de instancia, sin más medios, sin más jueces, sin más funcionarios ni más dinero, promete aumentar todavía más el caos. La propuesta de que los fiscales instruyan los procesos en lugar de los jueces es un brindis al sol, otra estratagema más para que se hable de algo que no es posible aprobar hoy en el Parlamento ni implementar en la realidad y que, en el mejor de los casos tardaría no menos de seis años en poder aplicarse. Y por último los ataques a la independencia judicial y a la separación de poderes desde la presidencia del Gobierno, sus ministros y sus socios y el bochornoso espectáculo del fiscal general han dejado a la justicia y a los jueces en precario.
Así que, con todos los juicios pendientes por corrupción que asedian al PSOE, al Gobierno y a la familia del presidente, con reformas equivocadas, sin los medios adecuados y con la presión política que no va a cesar, 2026 va a ser "el año de la Justicia". De la aplicación de la justicia a todos por igual o de la derrota de la Justicia. Pero también va a ser el año de la justicia para todos aquellos ciudadanos que van a ver sus procesos dilatados en el tiempo, más complejos y más costosos. Lo que está en juego es el Estado de Derecho, la independencia y la eficiencia de la justicia y la igualdad de los ciudadanos ante la ley. Hoy por hoy, no pinta bien.
Pero también va a ser el año de Sánchez. Puede que resista "sólo, fané y descangayado" (sólo, estropeado, marchito, en mal estado, ajado, cansado o desmejorado) como decía el tango. Nadie con mayor capacidad para la resistencia que él. Pero, previsiblemente, tendrá que convocar elecciones, asumir la sanción penal a su entorno político y familiar y ver cómo sus hasta hoy incondicionales le buscan sustituto y le olvidan y como sus socios de conveniencia también le abandonan. Lo de llegar a 2027 es, cada día más, una quimera. El tango también dice "que quedé sin un amigo / que viví de mala fe / que me tuvo de rodillas / sin moral, hecho un mendigo / cuando se fue". Pues eso. Feliz 2026 dentro de lo posible, que no es mucho.