Publicado 05/11/2026 08:02

Francisco Muro de Íscar.- Cuando Sánchez se quede solo

MADRID 5 Nov. (OTR/PRESS) -

El poder, el dinero y la fama son un veneno del que es difícil recuperarse cuando se pierden. No sé por qué he recordado la anécdota de un amigo que un día me enseñó la foto de su boda, un gran grupo de personas, y me dijo: de todos estos, solo vosotros seguís siendo mis amigos. Tiempo después, tampoco nosotros. Seguía teniendo poder, nada comparado con lo de otros, pero poder en todo caso, y pensó que todo el mundo tenía que hacer lo que a él se le ocurría. Modificó un texto mío sin mi consentimiento, cambiando el sentido de lo que un entrevistado decía, y un día nuestra relación de socios se rompió para siempre, tal vez por celos, por envidia o porque no soportaba que nadie le hiciera sombra. Incluso se atrevió a mentir en un libro, atribuyendo a otro lo que era cien por cien mi creación. Sé que se arrepintió de lo que hizo, pero no tuvo arreglo. Después, la vida se comportó mejor conmigo que lo que aquella amistad merecía.

Me he acordado porque, desgraciadamente, aquella persona murió en otro accidente de tren como los de Adamuz o Urda y truncó una vida de éxito profesional. Ahora, personajes como Trump, Sánchez, Puente, Ábalos, Zapatero y tantos otros están comprobando cómo el poder y el dinero permiten hacer casi todo lo que uno quiere, incluso saltarse las reglas; pero cuando se pierden, te dejan desnudo. Cuando se pone el yo por encima del nosotros, cuando se hacen trampas, cuando se miente y se engaña a todos todo el tiempo y se cree que nunca te van a pillar o que nadie se va a atrever a desafiar tu poder, casi siempre la vida te pone en su sitio. Ábalos está en la cárcel y Santos Cerdán en su casa, pero no creo que hayan recibido la visita de ninguno de esos compañeros de partido que hacían lo imposible por mantenerse cerca de ellos. Zapatero, uno de los artífices del desastre que hoy tenemos, ha dejado de ser el 'faro' en el que se miraban sus discípulos y se ha cargado su reputación, merecida o no. Sería inaudito que se atreviera a aparecer en un mitin en la campaña electoral.

A Puente se le ha acabado la vida política, pocos días después de que se autopropusiera sucesor de Pedro Sánchez y capo mayor del peor socialismo de la democracia. Ahora, ni alcalde de su ciudad ni diputado ni ministro ni presidenciable. Un hombre víctima de su soberbia, de sus insultos y de sus errores. No se va por voluntad propia sino porque ya no sirve a los intereses de su jefe, al que su propio partido le importa nada. No ha sido capaz de solidarizarse con las víctimas que su incompetencia ha provocado y ha puesto 'su calvario' por encima de quienes han perdido un ser querido o 'una pierna'. Antes que él, otras personas sin ningún conocimiento de la materia ocuparon ese mismo cargo de ministro de Transportes: el citado Ábalos; Raquel Sánchez, hoy presidenta de Paradores, con un sueldo de casi doscientos mil euros; Pepiño Blanco, ayer sin dar la cara cuando el accidente de Angrois y hoy capo mayor del lobby; o Beatriz Corredor, hoy en Red Eléctrica, la del gran apagón del que todavía tampoco sabemos las causas, con más de medio millón de euros de 'gratificación anual'.

Si después de las elecciones, Pedro Sánchez, que no se atreve a salir a la calle si no es con escolta, deja al PSOE con menos de cien diputados, puede que empiece su camino a cien años de soledad. Todos esos cientos o miles a los que colocó en sus cargos y le mantienen su apoyo y hasta aceptan el sacrificio para salvar al jefe, también le dejarán solo cuando pierdan las prebendas que hoy les permiten decidir en asuntos de los que ignoran casi todo. Y entonces descubrirá que cuando se pierde el poder, el BOE y el dinero ajeno, uno se queda a la intemperie.

El caso de Trump es parecido, pero diferente. Si de verdad empieza a perder el poder -la dignidad es algo que apenas le rozó-, le quedará el dinero. No el de los contribuyentes, que ha despilfarrado, usado mal, sin control y en su beneficio, como Sánchez, sino 'su' inmenso dinero. Y eso también es poder y le permitirá seguir teniendo al lado a quienes están dispuestos a arrodillarse y perder su dignidad para tragarse las mentiras y engrandecer el ego de cualquiera, incluso de los que no lo merecen porque desprecian a todos y solo están interesados en sí mismos.

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