MADRID 5 Nov. (OTR/PRESS) -
Óscar Puente hizo, al cabo, lo que tenía que hacer, y eso, en apariencia tan normal, tratándose de un responsable político español sorprende. Mazón, sin ir más lejos, que amparado por su partido sigue parasitando el erario en las Cortes Valencianas sin dar un palo al agua y recordando, alebrado en su escaño, su catastrófica gestión en la DANA, o, mejor dicho, su ninguna gestión pues se hallaba festejando mientras la gente se ahogaba, es otra cosa; y ahora que Feijóo se presenta y presenta al PP como grandes gestores, tendrá que convencer a los votantes de que no toma al expresidente valenciano, su correligionario, como modelo.
Feijóo se las prometía muy felices, electoralmente hablando, con la utilización de los dos terribles accidentes ferroviarios seguidos como invencible argumento contra la gestión del actual Gobierno, y, en su representación, contra el ministro renuente a dimitir que le serviría de muñeco de pim-pam-pum hasta el 29 de noviembre. Pero Óscar Puente ha dimitido, ha dejado antes de hacerlo unas cuantas disposiciones técnicas de urgencia para impedir sucesos semejantes en el inmediato futuro, y ha recordado de pasada las pésimas gestiones en catástrofes (Prestige, Yak-42, metro de Valencia, Angrois, residencias de ancianos en la COVID, DANA...) de quienes quieren presentarse hoy como gestores insuperables.
Sin caer en lo de que en España no hay nada como morirse para que se hable bien de uno, es de justicia reconocer que la política española pierde con el deceso político de Puente a un actor instruido, inteligente y buen orador, prendas no demasiado extendidas en su gremio. La tenebrosidad demagógica de Pepa Millán, de Vox, quiso presentarle en la comparecencia que acabó en despedida como un íncubo y un marrajo, y Ester Muñoz, del PP, como un tipo despreciable y sin corazón. ¿Quién sustituirá al dimitido como diana de los peores venablos? ¿Pedro Sánchez? No, el presidente ya viene de antiguo bien servido en punto a injurias, insultos y calumnias. ¿Quién entonces? En todo caso, procure Feijóo no abundar mucho en lo de la gestión: Ayuso y Mazón siguen ahí.