Publicado 11/06/2026 08:01

Rafael Torres.- El cúter

MADRID 11 Jun. (OTR/PRESS) -

Se ve que al papanatismo tecnológico le resultaba insoportable el uso del cúter en las boticas, último vestigio analógico en el ramo farmacéutico, y como ese papanatismo es como es, tiránico, erradicador y estúpido, ha conseguido asestar el golpe mortal definitivo a la tradicional liturgia en la dispensa de medicamentos, ese cortar el cartoncillo lateral del envase para pegarlo después con cello en un impreso, en su casilla correspondiente. El expendedor hacía tal cosa, como se sabe, para que Sanidad les pagara luego los específicos, pero no era un tiempo muerto ni vacío el empleado en la hipnótica operación manual, sino que se aprovechaba para conversar con el cliente, a menudo una persona mayor sedienta de atención y de eso, un poco de charla.

La dictadura digital, la que condena a la parte más vulnerable de la población por razón de edad, de recursos o de falta de destreza informática, a un combate desigual y perdido de antemano en sus tratos con la Administración y con toda clase de interlocutores invisibles, esa dictadura que conculca al menos una docena de preceptos constitucionales para mayor gloria de los tecno-oligarcas, mayor beneficio para las empresas vaciadas de trabajadores y más relax para los funcionarios de atención presencial al público, esa tiranía tecnológica acaba de desterrar el uso del cúter en las farmacias, que era una de las pocas cosas normales que quedaban en éstos tiempos aceleradamente crepusculares.

En vez de cúter, la farmacéutica o el farmacéutico que ya las venían pasando canutas cuando el programa del ordenador se les descangallaba, y que iban perdiendo la noción del paradero de los medicamentos en los estantes de la rebotica porque ahora los busca un robot, utilizarán ahora una especie de manubrio que escaneará el código que antes se cortaba, y ni el cello se salvará, pues hace mucho que las medicinas no se envuelven en papel, sino que se meten en bolsas de plástico como, por lo demás, se mete hoy todo. Pero dejando a un lado el perjuicio para los fabricantes de cúteres de farmacia, que no eran unos cúteres cualquiera, y la pérdida de la fantástica manipulación del envase, éste cutericidio trae otro poco de deshumanización a la vida ordinaria, otro poco de soledad a las personas mayores.

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