Actualizado 25/05/2010 12:00:58 +00:00 CET

Rafael Torres.- Al margen.- La derecha no sabe esperar.

MADRID, 25 May. (OTR/PRESS) -

Una sencilla verdad como la contenida en el dicho "a quien sabe esperar, la realidad le premia", rebasa la capacidad de comprensión y asimilación de las mentes de cierta derecha española, concretamente de la ultraderecha. Esas mentes, por llamarlas de algún modo, no confían en la realidad (suceso comprensible si se piensa que la realidad que ven no es otra que la que ellas mismas proyectan), y menos que premie sólo por saber esperar, sin el anexo de ningunos otros méritos. O dicho de otro modo: a cierta derecha española, la del franquismo redivivo o revivido, como se quiera, se le hace un mundo esperar a las próximas elecciones generales para perder de vista a José Luis Rodríguez Zapatero.

En otros momentos históricos, la reacción resolvió su impaciencia, su ansiedad, recurriendo a atajos que le ahorraban el engorroso rodeo por las urnas, pero hoy no puede, mayormente por Europa. Como no puede, se desfoga recogiendo firmas para la erradicación del presidente del gobierno, pero, sobre todo, criminalizándolo desde los foros y las tribunas, desde las trincheras cabría decir, como sólo se criminalizó en su día a don Manuel Azaña. Favor que le hacen a Zapatero, que no le llega ni al calcañar. Pero, pese a lo patológico, a lo delirante de esa inquina, que más mueve a compasión por quien la engendra que a lástima por quien la padece, no deja de turbar y herir tamaña violencia. Un conspicuo "sociólogo" de la caverna exige desde el altavoz de las cámaras afectas que el íncubo, o sea, Zapatero, sea detenido y procesado por estar sus actos incursos en los que castiga el Código Penal; un editorial clama por una suerte de golpe de estado que sustituya al actual gobierno por otro del "signo que sea", y no hay miembro de esa Partida de la Porra que no rivalice con sus pares en insultos, a cual más atrabiliario y soez, al presidente. En esos mundos desquiciados no se sabe, ciertamente, esperar.

El único que sabe, siendo ésto de esperar lo único que sabe, es Mariano Rajoy. Lo último que desearía es, con la que está cayendo en todas partes, un adelanto de las elecciones. ¿Qué podría hacer él y su tropa ("¡Vaya tropa!", Trillo dixit) para enderezar de veras la situación económica? Nada, salvo empeorarla tal vez. Gracias a que sabe esperar, espera, en la seguridad de que sólo con eso, sin ningún otro mérito añadido, la fruta de las urnas caerá madura, cuando haya de caer, por su peso.

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