Victoria Lafora.- Erasmus enano

Publicado 23/01/2014 12:00:12CET

MADRID, 23 Ene. (OTR/PRESS) -

En su afán por demostrar que la economía mejora, que hay "fundadas razones para la esperanza", el Gobierno ha pedido a los ministros y sus adláteres que se abstengan de mencionar la palabra "recortes". Para sortear el tabú, la segunda del ministerio de Educación, y mano derecha e izquierda de Wert, Montserrat Gomendio, trató de justificar, de una forma surrealista, lo que no deja de ser un nuevo tajo económico a las becas Erasmus.

Como de lo que se trata es de "acomodar" (sinónimo de recortar) las becas que permiten estudiar un curso en universidades europeas, ahora solo durarán seis meses. No importa nada que la aplicación del plan Bolonia, al que se apela, dictamine que el curso se compone dos semestres; con uno va que se mata.

Si el estudiante tiene que examinarse un semestre en Holanda, por poner un ejemplo, y el siguiente en Alicante, con enfoques diferentes, exigencias distintas etc., que se apañen, o no haber optado a un Erasmus enano si no tenía posibles para salir al extranjero. Que aquí hay mucho cachondeo y los hijos de esas clases medias derrotadas por la crisis quieren añadir el blasón a sus currículos de haber estudiado fuera.

No por vergüenza, si no por la dificultad de justificar lo inexplicable, cada vez les cuesta más dar la cara a los responsables de determinados ministerios. Además de vender los mini Erasmus como el esfuerzo de un gobierno que plantea como prioridad las necesidades sociales, Gomendio tuvo que reconocer, con gesto contrariado, la metedura de pata de su ministro cuando afirmó, sin saber el dato, que la Comisión Europea había recortado las ayudas a las becas para España. No solamente no es cierto sino que, de los cincuenta mil estudiantes que en el curso 2014 van a estudiar en Europa, España solo paga a diez mil y encima no dio la cifra exacta de la cuantía.

Salir un curso a estudiar, y vivir en la Europa de la que formamos parte, abre la mente, enriquece culturalmente a una generación, permite mejorar el conocimiento en idiomas que tan deficiente es en España. Pero, sobre todo, hace a los jóvenes sentirse europeos, conocer la organización política a la que se culpa de la desaparición del estado del bienestar.

Las becas Erasmus, a las que la derecha siempre descalificó con apelativos como "orgasmus", han sido hasta ahora uno de los grandes éxitos de la educación en común. Ya se sabe que los nacionalismos de vía estrecha se curan viajando y esta era una forma de que los universitarios españoles perdieran el miedo a la movilidad a la que se van a ver obligados por la crisis.

Nada de esto se ha valorado en un ministerio que, cumpliendo las exigencias de la Conferencia Episcopal, lo único que no ha reducido son las subvenciones a la escuela concertada religiosa, donde la imagen del mundo sigue siendo la misma que el siglo pasado. Así nos va.

OTR Press

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