MADRID 3 Oct. (OTR/PRESS)
Es posible que Pedro Sánchez medite, a estas horas, si un adelanto electoral no será el último cartucho para no ser derrotado sin remedio. Porque, si hay elecciones en noviembre, se celebrarán, exclusivamente en función de intereses electorales, no nos engañemos.
La siguiente pregunta es si la ola de malestar social y de cabreo con la derecha, por ignorar un problema que afecta a miles de familias, se va a mantener en el tiempo (por lo menos dos meses) en una etapa de extrema polarización. Porque si algo refleja la volatilidad de la sociedad actual es la capacidad de convertir en hecatombe cualquier acontecimiento.
Mucho más que algo tan serio como la falta de presupuestos que deja maniatado a cualquier gobierno y que, sin embargo, no acaba con la legislatura.
Pedro Sánchez va a calibrar, también, la movilización en las calles a partir de las manifestaciones convocadas este fin de semana. No serán solo las acampadas de unos jóvenes que todo el mundo describe como apolíticos o proclives a la extrema derecha, y que se están mostrando mucho más solidarios y concienciados de lo imaginado por las encuestas.
Pese a que Feijóo, tras su negativa a apoyar los decretos, compareció en el Congreso asegurando que estaba preparado para un adelanto electoral, su cara y su rictus desmentían sus palabras. Y eso que las encuestas les dan como claros ganadores, con el apoyo de Vox, obviamente.
Y a lo mejor ahí está su preocupación. Porque el problema de la vivienda afecta, sin duda, a muchos de sus votantes y su negativa, escaño tras escaño, con las caras y apellidos de sus diputados, ha debido doler a los suyos. Mucho más que a los votantes de Abascal, centrados en otros menesteres.
Sánchez debe también estar sopesando el daño que las causas judiciales abiertas a su entorno pueden desgastar sus expectativas y convertir el otoño en un calvario de primeras páginas de los periódicos. Entre otros el asunto de las joyas de Zapatero que todavía siguen sin tasador y que han hundido su imagen pública como agitador de entusiasmos electorales.
Lo dicho: sin ninguna garantía real este puede ser el último cartucho de la izquierda, incluido el PSOE, Sumar y Podemos para no acabar despeñados en la próxima cita electoral.