SEVILLA, 21 Mar. (EUROPA PRESS) -
Un grupo de familias procedentes del asentamiento chabolistas de El Vacie se encuentran desde el pasado viernes instaladas en la Catedral de Sevilla y demandan "un cobijo para poder vivir, no un piso de lujo" porque consideran que están "desamparadas".
En declaraciones a Europa Press, una de las personas que permanecen encerradas, Matilde Álvarez, contó que "hay gente que se está debilitando porque estamos solamente con bocadillos, durmiendo en el suelo". Además, señaló que están pasando frío "pero no tanto como pasamos en la calle", que comen "lo que nos traen" y que se asean "como el lavado del gato".
Estas familias de etnia gitana solicitaban desde hace diez días una entrevista con el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, para pedir una vivienda después de que sus chabolas del asentamiento del Vacie fueran demolidas tras una intervención policial. En este sentido, pidió al alcalde que "sea humano y me dé mis derechos y mi vivienda".
Álvarez explicó que al volver de trabajar "como cualquier persona", encontraron que todo lo que había en las viviendas había desaparecido, por lo que se instalaron en un derribo donde permanecieron un mes "sin agua, luz, ropa o comida y pasando necesidades".
"No podíamos vivir de esa manera", y, por eso, dijo que "me he llevado días y días en la puerta del ayuntamiento" a la espera de una solución. "Teníamos un trabajo y una choza y ahora somos dueños de nada", se lamentó.
Según Álvarez, son siete las familias que están afectadas, pero los niños no duermen allí, sino que permanecen con familiares y "van a la escuela para que no estén aquí tirados, y al comedor a comer comida caliente".
Debido a esta situación, tanto Matilde como otras mujeres no pudieron volver a trabajar en el 'Proyecto Clavel' ni pagar autónomos. Además, tuvo que desistir de una operación que tenía pendiente porque perdió todo en su chabola.
Por su parte, la nuera de Álvarez, Fátima Ruiz, es madre de dos niños de seis y cuatro años, que duermen en casa de una cuñada y le dicen que la echan mucho de menos, que se encuentran "muy solos".
Ella pidió que "los niños no sufran como estamos sufriendo nosotros" y añadió que le gustaría poder llevar "una vida normal".
Fuentes del Arzobispado sostuvieron que no habrá límite de tiempo para la estancia de estas familias en el interior de la Catedral.