La Via Crucis di Papa Leone XIV davanti al Colosseo per le celebrazioni pasquali a Roma, Italia - Venerdà 03 Aprile 2026 - Cronaca - (foto di Cecilia Fabiano/LaPresse) - Cecilia Fabiano / Zuma Press / ContactoPhoto
MADRID 10 Abr. (EUROPA PRESS) -
El Papa León XIV viajará el próximo lunes a Argelia, dentro de su viaje a varios países del continente africano, donde está previsto que realice una visita privada a la comunidad de las agustinas misioneras en Bab El Oued, marcada por la memoria del asesinato de dos religiosas españolas en 1994.
Se trata de Esther Paniagua y Caridad Álvarez, que vivieron en esa comunidad y que murieron a tiros el 23 de octubre de aquel año, en plena guerra civil argelina. Ambas se dirigían a celebrar la Eucaristía en la Jornada del Domund cuando fueron atacadas en la calle.
Según ha explicado Obras Misionales Pontificias (OMP), forman parte de los 19 mártires de Argelia, que fueron beatificados por el Papa Francisco en 2018. Murieron tras haber decidido permanecer en el país a pesar de las amenazas recibidas tras la crisis política en Argelia de la década de los 90.
El asesinato de Esther y Caridad no fue un hecho aislado, sino que se produjo en un contexto de creciente violencia contra religiosos. Meses antes, en mayo de 1994, ya habían sido asesinados otros dos misioneros, lo que llevó a los obispos de Argelia a pedir a las comunidades que reconsideraran su presencia en el país.
Mª Jesús Rodríguez, entonces superiora provincial de las agustinas misioneras, recuerda en una entrevista con OMP cómo viajó a Argel a comienzos de octubre para reunirse con las doce religiosas que permanecían allí. Durante varios días, acompañadas por el arzobispo de Argel, Henri Teissier, llevaron a cabo un proceso de discernimiento personal y comunitario.
La pregunta era directa: quedarse o marcharse. Ambas opciones indica que eran "legítimas", pero la decisión implicaba asumir un riesgo evidente. "La amenaza era triple: por ser extranjeras, por ser cristianas y por estar ahí", expone Rodríguez.
Finalmente, el 7 de octubre, cada una de ellas expresó libremente su decisión. Todas optaron por permanecer. Aquella elección fue celebrada en la Eucaristía. "Nos sentíamos más libres después de haber tomado esa decisión", apunta.
Asimismo, cuenta que el día del Domund, Esther Paniagua y Caridad Álvarez salieron primero hacia la misa, siguiendo recomendaciones de seguridad que aconsejaban no desplazarse en grupo. Poco después, dos disparos alertaron al resto de la comunidad.
"Evidentemente pensamos que había pasado algo con algún cristiano, pero no imaginamos que eran nuestras hermanas, hasta que hablamos a través de la pared con una de las hermanitas, que nos dijo: Esther y Caridad", recuerda.
Tras ser reconocido su martirio, las familias y las hermanas pudieron regresar en 2018 a Bab El Oued. Entre ellos se encontraba Ana Mª Guantay, superiora general actual de las agustinas misioneras. "Después de muchísimo tiempo, pudimos volver a la casa, y celebramos en la capilla la primera Eucaristía tras el martirio, me emociono al recordarlo, porque era un lugar sagrado por la vida de las hermanas, uno puede decir que hasta la piel de ellas estaba en las paredes, porque allí rezaban, discernían, lloraban por los dolores de la gente, por la impotencia", señala.
CENTRO DE ACOGIDA Y AMISTAD
En la actualidad, las agustinas misioneras han reconvertido esta casa en un centro de acogida y amistad para niños y mujeres argelinos. "Ayudamos a que esos niños vivan también una experiencia de paz, de que se puede vivir, no importa las culturas y la tradición religiosa que tengamos: Dios nos hermana en el bien, en el amor, en la capacidad de ponernos en pie unos a otros", concluye.
Por otro lado, OMP ha entrevistado también al padre blanco valenciano monseñor Diego Ramón Sarrió Cucarella, obispo de Laghouat desde 2025. "Me he encontrado una Iglesia muy pequeña, pero profundamente viva", explica, sobre su llegada a esta diócesis que cuenta con poco más de 2.000 católicos, y que abarca gran parte del Sáhara argelino.
"Para una Iglesia pequeña como la nuestra, la visita del Papa es un signo muy fuerte de comunión y cercanía: nos recuerda que no estamos solos, que formamos parte de un cuerpo más amplio", afirma.