Actualizado 25/04/2014 12:29:27 +00:00 CET

Trujillo, un tesoro de años pasados

Estatua de Pizarro
Foto: CEDIDA//TURISMO TRUJILLO
TORRE DEL ALFILER ALCAZABA CONVENTO DE SAN FRANCISO VISTA POSTERIOR DE PIZARRO PALACIO DE PIZARRO IGLESIA DE SAN MARTÍN DETALLE IGLESIA CIGÜEÑAS Y RELOJ

Por Marta Imízcoz

   En plena provincia de Cáceres, a apenas  45 minutos de la capital se encuenta la histórica localidad de Trujillo, cuna de algunos de los conquistadores del Nuevo Mundo como Francisco Pizarro, Francisco de Orellana o Diego García de Paredes.

LA VICTORIA EN LA SANGRE

   La ciudad de Trujillo comenzó su andadura en la historia como un sencillo asentamiento prehistórico, debido principalmente a sus cualidades geográficas: suaves lomas pobladas de hierba, la presencia de una amplia red hidrográfica, así como abunantes materias primas para construcción como madera y piedra, es por ello que bajo la ocupación del Impero Romano, la ciudad destaca entre el resto de las de la provincia por su importancia en la estructura militar y administrativa, al igual que por su cercanía a la ciudad de Emérita Augusta, la actual Mérida.

   Su posición estratégica también hizo de ella un punto importante bajo el mando musulmán debido al carácter defensivo de Trujillo, que se hace, si cabe, más patente por la construcción de la fortaleza, los aljibes de ésta y en la ciudad intramuros, así como su alcazaba, que aún corona la cumbre de la montaña, observando vigilante la ciudad.

   La entrada en el periodo moderno supuso para Trujillo un tiempo brillante de dinamismo y prosperidad sin duda alguna, puesto que durante la primera mitad del siglo XVI y gran parte de la segunda, la población aumentó considerablemente. Y todo ello sucedía mientras se ampliaba el horizonte y un nuevo Mundo se abría ante los europeos. América se presentará ante los trujillanos como un destino tentador hacia donde dirigir sus pasos a través de un océano .

   La historia de la exploración, de la conquista y la colonización de América estará unida para siempre al nombre de esta ciudad puesto que  los trujillanos participaron en los episodios más sobresalientes y decisivos del descubrimiento y conquista del nuevo continente, como es el caso de Francisco Pizarro, Francisco de Orellana, Alonso de Hinojosa o Diego García de Paredes

   No en vano, la patrona del pueblo es la Virgen de la Victoria, abanderada de la Reconquista, puesto que el 25 de enero de 1232 Fernando III el Santo conquistó la plaza musulmana del pueblo con intervención sobrenatural, pues se cuenta que la Virgen con su Hijo en brazos se apareció sobre las murallas para dar la victoria a los cristianos, que se muestra en el escudo de la ciudad, que tiene a María y el Niño sobre almenado muro, entre dos torres.

   Las fiestas en su honor se celebran a finales de agosto y principios de septiembre , en ellas, su imagen baja en procesión desde el Castillo para hacer la novena en la Iglesia de San Martín y en la víspera de la fiesta, a la salida de la novena, se saca a la Plaza cuando se apagan todas las luces siendo la Virgen lo único iluminado, que desde el atrio de San Martín mira a su pueblo.

RIQUEZAS Y CONSTRUCCIONES DE NUEVOS MUNDOS

   El flujo constante de estas riquezas hizo que pronto las familias trujillanas construyesen grandes casas solariegas y palacios, así como facilitar la prolifaración de conventos, hospitales e iglesias bajo su patronazgo.

   Una de las más llamativas, debido a su localización en la plaza central del pueblo, es la Iglesia de San Martín, custodiada por la estatua ecuestre de Francisco Pizarro, conquistador y orgullosos hijo de Trujillo.

   Es precisamente el palacio de Pizarro otro de los bellos rincones de la ciudad, con su gran balcón en rincón y esquina y escudo familiar superior, que recupera la tipología del relieve historiado. Que compite en popularidad con el Convento de Concepcionistas de Santa Clara, convertido actualmente en un Parador donde el turista puede disfrutar del silencio y la paz de antaño.

   Aunque si hay un edificio peculiar en el panorama trujillano, ésa es la Torre del Alfiler, situada justo enfrente del Palacio de los Marqueses de Santa Marta, parientes del célebre Hernán Cortés, cuya afilada punta recuerda a este objeto de costura, que fue desmochada por Isabel la Católica y reconvertida en torre del homenaje del palacio de Chaves-Cardenas que hoy, conserva la cadena sobre su puerta y que hace gala de los privilegios de haber hospedado al rey Felipe II.

   Es por esta belleza, esculpida a través de los años y de los grandes conquistadores que lo habitaron que Trujillo se presenta como escenario único para ferias y fiestas multitudinarias, que se ven acogidas en la superlativa plaza de la ciudad: mercados medievales, rallys de coches clásicos, el 'Chiviri' o la Feria Nacional del Queso se vuelven citas ineludibles en el calendario trujillano, así como una oportunidad de oro para que el ajeno descubra sus encantos.