En obsidiana

Piezas del Neolítico llegaron a la Península desde Cerdeña hace 6.000 años

Piezas neolítico
Foto: CSIC

MADRID, 2 Oct. (EUROPA PRESS) -    

   Más de 1.200 kilómetros de distancia separan a seis restos de obsidiana hallados en yacimientos neolíticos de la Península Ibérica con su lugar de origen. Un equipo liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha determinado que esas piezas proceden de la isla de Cerdeña, en concreto, de una de las laderas del macizo volcánico de Monte Arci.

   Se trata de la máxima distancia documentada hasta la fecha en el transporte de esta materia prima, una roca volcánica negra empleada en la elaboración de herramientas en el Mediterráneo occidental durante el Neolítico.

   Los investigadores han revisado todos los restos de obsidiana recuperados hasta la fecha en yacimientos neolíticos de la Península. Las seis piezas analizadas -cinco hojas y una matriz, la masa de materia de la que se han extraído las hojas- habrían guardado más relación con el prestigio social de sus dueños que con el fin para el que fueron elaborados, ya que fueron depositados en tumbas individuales como parte de cinco ajuares funerarios hace 6.000 años.

   "El estudio de las huellas de desgaste de los restos demuestra su utilización en actividades cotidianas, así que no se trata de ofrendas funerarias producidas ex professo. Sin embargo, la rareza de esta materia prima en el contexto geográfico que hemos estudiado y la probable inaccesibilidad a estos productos para la mayor parte de la sociedad les otorgan una singularidad específica", ha explicado el investigador del CSIC Xavier Terradas.

   Los seis restos analizados en el trabajo, publicado en 'Journal of Archaeological Science', proceden de cinco necrópolis ubicadas en la provincia de Barcelona: Bòbila Padró-Can Tiana (Ripollet), Bòbila Madurell (Sant Quirze del Vallès), Can Gambús (Sabadell), Minas de Gavà (Gavà) y La Serreta (Villafranca del Penedès).

   Los sepulcros, situados en fosas excavadas en el suelo, datan de la época del Neolítico Medio y se corresponden con la "cultura de los sepulcros de fosa", que hace referencia a la abundancia y la espectacularidad de sus ajuares.

REDES DE INTERCAMBIO

   Los investigadores han empleado la fluorescencia de rayos X y la técnica LA-ICP-MS (Laser Ablation Inductively Coupled Plasma Mass Spectrometry) para rastrear la impronta química que relaciona la obsidiana con su lugar de origen preciso.

   "Este tipo de vidrio volcánico negro fue profusamente explotado durante el Neolítico. Los restos que hemos analizado recorrieron más de 1.200 kilómetros, considerando que fueron transportados por cabotaje a lo largo de la costa sarda y corsa, ligur y provenzal, llegando a sobrepasar los Pirineos, ya que es improbable una navegación a mar abierto", ha explicado el científico.

   Estos grupos neolíticos llegaron a participar en verdaderas redes de intercambio de materias, productos e ideas mediante la difusión de productos locales, como los ornamentos corporales elaborados con variscita de las minas de Gavà o la sal del diapiro de Cardona (Barcelona). Al mismo tiempo, recibieron productos de fuera, como los elaborados con sílex beduliense de origen provenzal, hachas y azuelas de procedencia alpina, así como otros artefactos tallados con obsidiana.

   "Todos estos restos son singulares por la rareza de las materias con las que fueron elaborados, procedentes de centenares de kilómetros de distancia y probablemente no al alcance de toda la población. Queda claro que nos encontramos frente a una serie de producciones artesanales especializadas, con un objetivo claramente dirigido hacia el intercambio, cuyo alcance se manifiesta a lo largo de un vasto territorio europeo", ha concluido Terradas.

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