La Iglesia Católica se declara horrorizada tras hallar una fosa con los esqueletos de 800 niños en un convento

Convento de Irlanda donde se hallaron 800 cadáveres de niños
El convento donde se hallaron los esqueletos/ Foto: REUTERS
Actualizado 05/06/2014 19:32:55 CET

DUBLÍN, 5 Jun. (Reuters/EP) -  

 La Iglesia Católica de Irlanda se ha declarado horrorizada tras conocer el hallazgo de una fosa común en el convento de Bon Secours con los restos mortales de unos 800 niños que habrían fallecido entre 1925 y 1961.

   El Arzobispado de Tuam, al que pertenece el centro religioso, ha afirmado que no participaba en la gestión de ese convento y que la diócesis se encuentra horrorizada y entristecida por el número de niños enterrados en la fosa.

   "Apenas puedo llegar a imaginar el enorme impacto emocional que sufrieron las madres dando a sus bebés para la adopción o siendo testigos de su muerte. El dolor y el quebrantamiento que han padecido vá más allá de cualquier entendimiento", ha afirmado el arzobispo de Tuam Michel Neary, en un comunicado.

  "Independientemente del tiempo que ha pasado este es un tema de preocupación pública que debería ser tratado con urgencia", ha remachado. La orden de las monjas de Bon Secours no se ha pronunciado por el momento sobre el hallazgo de la fosa en los terrenos de su convento.

   La existencia de la fosa común con los cadáveres de 796 niños ha sido revelada por una historiadora local, Catherine Corless, que ha confirmado con documentos públicos que los niños murieron en un hogar para madres solteras del condado de Galway.

   Corless ha explicado que los cuerpos fueron arrojados a un tanque de aguas residenciales y que algunos fallecieron cuando sólo tenían tres meses de edad.

   La Iglesia Católica de Irlanda gestiona muchos servicios sociales en el país desde el siglo XX, incluidos los centros para madres solteras o embarazadas de hijos no deseados.

   Las mujeres embarazadas no casadas y sus hijos afrontaban una compleja situación en sus hogares y con sus familias, en un país profundamente devoto, y también con los padres que no querían saber nada de sus hijos, algunos de ellos curas o ricos.

   Los hogares para madres solteras eran gestionados por monjas y recibían fondos públicos. En realidad, actuaban como centros de adopción y el Estado ejercía una labor de supervisión.

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